Es imposible que empiece a escribir sobre esta película sin contar una cosa de mí misma: desde que tengo hijo y, más encima, estamos en medio de una pandemia que limita las visitas y personas que nos ayuden a verlo, los momentos para ver películas son escasos y muy valorados. La batería del monitor de bebé dura 3 horas y cuando queremos ver algo, tiene que valer la pena invertir esa carga de batería. Esta película fue un desperdicio de batería de monitor de bebé. Les voy a contar el “plot” y entenderán por qué:

Tras perder al amor de su vida en la guerra con Ares, Diana ha seguido con su vida trabajando en un museo, pero no puede olvidar a Steve. Investiga la aparición de una extraña roca que ha llegado al museo, junto con Bárbara, una colega que la admira mucho, por ser tan bella, fuerte y resuelta. La extraña piedra tiene una inscripción: concederá cualquier deseo que se le pida y, entre bromas, se dan cuenta de que efectivamente los concede. Mientras Bárbara pide ser como Diana, ella desea lo que más anhela en la vida: la compañía de Steve. Pero como todo en la vida, los deseos tienen un precio altísimo a pagar, y todo se complica cuando un magnate de petróleo se apodera de ella y libera el caos en el mundo, sólo para cumplir con sus ambiciones.

No hay nada más flojo en el desarrollo de un guion que un objeto mágico que conceda los deseos que la trama necesite para avanzar. No digo que esté mal; hay muchas películas que, usando este mismo recurso, crean grandes aventuras. No es el caso de esta historia. Lo que me da más rabia, es que la historia comienza con Diana siendo una niña, aprendiendo una lección que no los creadores no tomaron en cuenta: tomar el camino fácil para lograr las cosas no lleva a nada bueno. Ellos no lo aprendieron, pero yo como espectador, sí.

La película dura casi 3 horas, pero PARTE recién cuando ya va 1 hora con 13 minutos, en la intro más larga que he visto en los últimos tiempos. De verdad miré el reloj cuando se puso interesante. Hay muy pocas escenas de acción, una de ellas en UN MALL, creo que la escena de pelea más ridícula que he visto en el último tiempo, con unas coreografías exageradísimas de WW contra 4 ladrones que no tenían ganas de pelear. Espantosa, la verdad. Y de verdad después es casi una hora de planteamiento de personajes y situaciones, aparece “Cheetah”, que, sinceramente, podríamos sacar y la película se cuenta igual. Es más; podríamos sacar a la Mujer Maravilla y la historia se contaría igual, porque en realidad, lo más interesante es el magnate del petróleo, interpretado por el único, grande y nuestro, Pedro Pascal. Yo sé que todo el mundo le hace queques porque salvó el universo Star Wars con “El mandalorian”, pero pucha que se los merece; no sé si es él quien logró darle sentido a un personaje absurdo con una trama más repetida que cuando echan al Chavo del 8 de la vecindad, o si de verdad esa es la única historia con sentido de la película. La famosa piedra (que aparece de la nada, literalmente) empuja un poco esta trama que tiene una progresión realmente espectacular… si no fuera porque se demoraron tanto en partirla. El caos provocado por los deseos de las personas es realmente entretenido, pero dura tan poco y le sacan tan poco provecho, que se pierde en medio de los absurdos… porque para poder lograr derrotar al “villano” o a la piedra misma, no hay más que hacer que decir un par de palabras que no les contaré, porque si les cuento les arruinaré (más) la película a quienes igual quieran verla. Es MUY ABSURDO.

Lo peor, es que ni siquiera los efectos especiales la salvan. Hay veces que yo soporto historias llenas de hoyos en su trama, porque las peleas y los efectos son tan espectaculares, que me rindo ante ellos. Acá cuestioné todo el tiempo lo ligera que es la Mujer Maravilla al saltar, al correr, ¡al pelear! ¡En serio! ¡Flota como una pluma! Y todo funciona muy fácil para ella, aún cuando está pagando un precio por su deseo hecho realidad, un precio que nunca pagó totalmente… ah, no puedo decir mucho sin spoilers. Tampoco la salva la nostalgia de los 80, porque… aparte de la ropa, no hay nada ochentero en esta historia.

En fin. No valieron la pena esas 3 horas de monitor de bebé. Ojalá algún día alguien se apiade y haga el “Pedro Pascal cut”, para poder ver sólo esa historia. Apuesto que quedaría una estupenda película.

Escrito por Gaby Carreño.