“El viento sopla desde el este”.

Muchos años atrás, en algún pueblo costero de Corea del Sur, se realizaba una fiesta entre chamanes y lugareños para celebrar la llegada de la nueva temporada de pesca y también alejar las malas vibras y los brujos del lugar, creencias muy fuertes por esos años y en esa parte de la región. Entre los asistentes había un niño, Yoon Hwa-Pyung, quien podía ver más allá que una persona común, lo que lo hacía tremendamente especial. Y fue ese “don”, el de incluso estar por sobre los chamanes del pueblo, el que le permitió advertir una amenaza que se cernía sobre el lugar en el momento preciso de la ceremonia. Una presencia maligna llegó “con el viento del este”. Cuando el ritual indicaba que algunas personas debían meterse al mar para soltar una pequeña ofrenda con fuego, uno de los asistentes es poseído por una fuerza invisible y agrede al abuelo de Hwa-Pyung. En esa conmoción, los lugareños ven con horror que el poseído se auto infiere una herida punzante en el ojo derecho, y se adentra al mar por sus propios medios. Ahí estuvo tres días y tres noches, mirando el pueblo, acechando, hasta que un día desapareció. En el lugar no se repetía otra cosa que el nombre del brujo milenario: “Park Il-do”.

El padre de Hwa-Pyung llama al sacerdote Yang, quien asiste con su acompañante Sang Hyun, para que vean a su hijo y le realicen un exorcismo si fuese necesario, ya que existía la posibilidad de que Park Il-do lo haya poseído. Si bien descartaron rápidamente la idea, el hogar de Hwa-Pyung se desarmó por completo. Su abuela había muerto tiempo atrás, y ahora su propia madre quien fue encontrada flotando en el mar. Su padre se fue de la casa, culpando al menor de la maldición que azotaba a la familia. Así, el pequeño Hwa-Pyung se crio solo con abuelo.

Días más tarde, saliendo del sopor que lo postraba, el menor logró contactar a Sang Hyun, el ayudante del padre Yang, solo para darse cuenta de que había sido poseído por el demonio y estaba masacrando a su propia familia. Por el lugar estaba pasando una policía con su pequeña hija, la mujer fue asesinada por el cura Sang Hyun y afortunadamente la hija resultó ilesa.

De la familia masacrada solo sobrevivió el menor llamado Matthew, quien con los años se convertirá en sacerdote. La pequeña Choi Yoon, quien quien fue la niña que perdió a su madre en ese fatal cruce del destino, se convertirá en policía; y Hwa-Pyung dedicará su vida en la búsqueda del demonio maldito. Ya adultos, el propio destino y la sed de venganza los vuelve a reunir para buscar y terminar de una vez por todas con el demonio que acabó con sus familias, un demonio que llegó con el viento del este: Park Il-do.

Impecable serie coreana de 16 capítulos que está disponible en la compañía de streaming Netflix. En un hora y diez minutos por capítulo, la serie narra los esfuerzos de nuestros tres protagonistas en busca del demonio para acabar con él. Como también existen los demonios menores, son ellos los que continuamente se apoderan de los cuerpos de personas inocentes, lo que ayuda a ir armando pequeñas historias a lo largo de la trama. En uno o dos capítulos, se muestran las vicisitudes de los protagonistas por exorcizar el demonio que está dentro de un hombre, mujer e incluso niños.

Posee un mínimo de sentido del humor. Ahonda en las historias de los personajes que son poseídos y que van debilitando a nuestros protagonistas. Park Il-do es un demonio escurridizo, y ese es el mérito de la atención en la serie, tratar de saber si lograrán atrapar al “huésped”, y si está poseyendo a uno de los personajes de la historia, lograr saber quién es. Es una historia tipo “La Cosa”, donde todos desconfían de todos.

La serie es dinámica y está constantemente mostrando escenas de acción, suspenso y terror. Al no ser oscura (excelente fotografía) no desperdicia detalles en maquillaje y efectos especiales. La música está muy bien elegida imprimiendo sensaciones de angustia y terror en los momentos en que algo va a ocurrir. También cuenta con una cuota generosa de drama, sobre todo al momento de indagar en la vida de los personajes.

Un esquema común en la narrativa de las series coreanas y en donde “Son: The Guest” (su título en inglés) no es la excepción, es que los paladines de las historias están conformados por un trío de dos varones y una mujer. Y no solo eso, sino que cuando niños o jóvenes vivieron juntos una experiencia traumática, pero sin estar conscientes de quienes eran, y años más tarde el destino los reúne como si el pasado haya firmado con sangre que se volverían a ver las caras para resolver/vengar un caso o enemigo en común. Es una estructura muy válida que permite construir diversas historias, las que uno se imagine, en torno a esta maqueta establecida. Los matices son los detalles que el guion debe encargarse de cubrir para mantener el equilibrio tanto en la historia como en la atención del espectador.

Como ejemplo de lo que acabo de mencionar, los invito a leer mi crítica acerca de la también serie coreana “El Túnel”, haciendo clic aquí.

Existen escenas muy fuertes en algunos capítulos ya que una de las características de la serie es la crudeza en algunas de sus imágenes, mas la misma producción coreana se encarga de bloquear la secuencia haciéndola borrosa en el foco de sangre o de alguna herida profunda, pero eso no quita que puedan ser escenas violentas para personas más sensibles. Se recomienda una audiencia para mayores de 16 años.

Después de un boom en la década del 2000 y mediados del 2010 de películas de exorcismos, mayoritariamente estadounidenses, “El Huésped Sobrenatural” se sitúa inmediatamente, y por mérito propio, en lo más alto del contenido zombie/exorcismo que se puede ver en las series que pululan actualmente en las cadenas de streaming.

Con una producción que ya la quisiera cualquier país occidental, buenos actores, y una gran historia, “El Huésped Sobrenatural” tiene el suspenso y el horror de las posesiones demoniacas, exorcismos y una cuota no menor de sangre. Muy recomendable.

Escrito por: ©Daniel Bernal

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