Esta es una miniserie de seis capítulos que nos transporta a la época del nacimiento del “fútbol”, el deporte más famoso del mundo y que mueve masas hasta nuestros días. “Lo más importante de lo menos importante”, como se le ha catalogado al deporte del balompié.

Ambientada en el siglo XIX, la serie retrata la división de clases imperante en la época, en donde solo existían los ricos y los pobres. El incipiente deporte llamado fútbol, por esos días, era propio de la aristocracia británica y no de los trabajadores o clase obrera. Sin embargo, la llegada a una conocida fábrica inglesa de un escocés llamado Fergus Suter, junto a su hermano Douglas, gatillará que el equipo de los trabajadores, el Darwen, comience a tomar muy en serio este nuevo deporte. El dueño de la fábrica, y quien por ese entonces ya comenzaba a ensayar la práctica de compra y venta de jugadores, logra llevar a sus dos estrellas al club Blackburn Rovers (el cual existe hasta nuestros días), que milita en la liga en donde juega el mejor jugador de fútbol de la época: Arthur Kinnaird, estereotipo del ricachón que lo tiene todo menos el amor de su padre.

En esos inicios el fútbol era muy violento, ya que quería emular lo que era el rugby pero con los pies. Descubrir el nacimiento del deporte, junto a las vivencias y peripecias de sus protagonistas, hacen que la serie tenga drama, emoción, algunos tintes de humor, y por supuesto, mucho de épico.

Para los que amamos este deporte, y no tenemos para qué ponerlo en duda (la miniserie tiene mucho de verdad y mito), es interesante darnos cuenta de que las reglas desde un comienzo eran impartidas por los fundadores del deporte, la aristocracia, por lo que los trabajadores solo pueden acatar esas antojadizas reglas. El club las oficiaba de Asociación de Fútbol también, por lo que ese primer reglamento era sumamente parcial, haciendo incluso que algunas decisiones se tomaran en el mismo campo de juego, por ellos mismos. La precariedad de las canchas y las improvisaciones era algo que no importaba mucho al momento de jugar. Las esposas acompañaban a sus maridos a los juegos y entre ellas se daba una suerte de tertulia y camaradería, muy propio de algunos deportes de élite que incluso se pueden ver hasta nuestros días, como el Polo, por nombrar a uno.

La ambientación está fantásticamente lograda. Se retratan los dos mundos a la perfección, sin caer en ninguna caricatura ni ninguna exageración. Tiene una banda sonora que funciona a lo largo de la serie. La fotografía es uno de los puntos altos, y no solo por el fiel retrato de la época, sino que debe lidiar con varias secuencias en luz y oscuridad y sobre todo en movimiento propio del deporte. La vestimenta también destaca, así como el montaje. Todos los detalles están muy bien cuidados y logrados.

Tanto los protagonistas como aquellos que no lo son, tienen sus propios dramas personales. Si a eso le sumamos que uno de los aspectos preponderante en la historia es la marcada diferencia social, más el ser testigos de cómo se crean las primeras reglas del deporte más famoso del mundo, con toda seguridad “Un Juego de Caballeros” (The English Game), de Julian Fellowes creador de “Downton Abbey”, es una serie que entretiene, cautiva y puede ser disfrutada por todo tipo de público, no solo por los amantes del “deporte rey”.

Disponible en Netflix.

Escrito por: ©Daniel Bernal

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