Lucía es una joven vulnerable, desamparada y que carece de amigos, familia o raíces. En la lógica de que no tiene nada que perder y a partir de una carta que le llegó, viaja a Valparaíso con lo puesto a buscar a su madre, a quien nunca conoció. La historia se enmarca con la estructura de la eterna búsqueda de un Santo Grial o Ballena Blanca, que en este caso es su madre, quien es básicamente una metáfora de la identidad y las raíces. Lucía (Javiera Díaz de Valdés) se perfila en todo momento como un ser incompleto, “fragmentado” (De ahí el título), a quien le falta algo para completarse. No es casualidad que su necesidad emocional sea producto de otra dependencia: Vivió en Buenos Aires con un novio con el que tuvo una relación tormentosa, dañina y tóxica. Sumado a todo esto, Lucía tiene vacíos en su memoria y problemas psicológicos, por lo que en un momento de la historia uno empieza a cuestionar la veracidad y cordura de su causa.

Esta es la historia central de “Fragmentos de Lucía”, dirigida por Jorge Yacoman y producida gracias a la ayuda del Crowdfounding. Como toda producción independiente, el aspecto técnico (luz, cámara, acción ¡bah! Quise decir sonido), si bien no es malo, no puede pedírsele que esté a la altura de mega producciones, además muchas películas buenas brillan simplemente por el contenido y la forma pasa a segundo plano. En este caso, el fondo no alcanza a rescatar la forma.

A lo largo de su viaje Lucía se encontrará con buenos samaritanos que la ayudarán y delincuentes y personas desagradables que dificultarán su búsqueda, como en un videojuego. También están los personajes que le dan pistas erráticas o poco seguras, sin malas intenciones pero que tampoco le sirven a la protagonista para con su derrotero. El problema con los buenos samaritanos es que son introducidos de manera demasiado fácil en la historia, haciéndola poco creíble. Conocen a Lucía inmediatamente y le ofrecen comida, refugio y ayuda. Uno podría pensar que esta reflexión es cínica y que no es del todo imposible que una persona le brinde ayuda desinteresada a otra, pero el encuentro en un bar se ve sumamente forzado, y se me ocurren cien mejores formas de haber propiciado el encuentro que ese cliché tan manoseado.

Puede inferirse que la escasa importancia que se le da a los personajes secundarios es para desarrollar mejor el personaje de Lucía, sin embargo no se aprovecha eficientemente todo el tiempo que tiene en pantalla Javiera Díaz de Valdés, a quien aparte de saber que está dañada, desamparada y clamando por protección, no logramos sacarle ningún rollo más profundo. Y es raro, porque la película pudo haber aprovechado mejor a figurones de la talla de Pablo Schwarz o Alejandro Sieveking, pero no lo hace, vaya uno a saber por qué.

Los primeros cuarenta minutos de película uno está interesado realmente en el paradero de la madre de Lucía, pero pasado cierto tiempo como que pasa la vieja (Es un decir, la madre no pasa) y el interés se va desinflando poco a poco. Tampoco arreglan la historia los misterios absurdos como el que intenta aportar Pablo Schwarz casi al final de la historia, y la película finalmente nunca encuentra – como Lucía- una idea consistente o profunda para desarrollar. Como su protagonista, la historia no logra llegar a un buen puerto. Tampoco el par de diálogos introducidos a la mala en algunas escenas, como la actitud de hombres y mujeres en una relación, o la gente que ve misa por televisión, debido a que ninguno viene al caso y restan más que suman al desarrollo de la historia.
“Fragmentos de Lucía” es una película entre tantas sobre la búsqueda de las raíces y el clásico viaje de un extraño intentando adaptarse a un terreno desconocido y hostil, pero se queda corta como experimento para analizar la condición humana, con personajes que necesitan ser mejor desarrollados y trabajados desde mejores ángulos. Hay que verla solo como una historia de viaje y búsqueda. No espere más, no espere menos.

Por Felipe Tapia, el crítico con el que las mamás asustan a sus hijos cuando se portan mal