Desde el asiento trasero de un auto sólo es posible percibir cierta parte. Fragmentos, espacios, ideas con puntos suspensivos donde es uno quien construye el resto de la realidad. Así, cuando una niña viaja al norte con sus padres y su hermano menor, los juegos, las canciones, el desierto, a veces completan paisajes perfectos. Otras veces descubren la separación que ocurre frente a sus ojos.

“No me imagino cómo podría filmar algo que no sea mío. El arte siempre es autobiográfico. Es físicamente como yo. Sólo puedo escribir algo que me entusiasma y que sea mío” dice Dominga sobre una obra que insiste en patrones ya explorados en cortometrajes como “La Montaña” y “Videojuego”, y que en “De Jueves a Domingo” se sienten concluyentes. Aún así, su obra no carece de frescura ni originalidad, más bien se entiende como parte de un proceso en el que la investigación temática se ha realizado frente a cámara de manera exitosa. Quizás es eso lo que nos ayuda a entender a un personaje como el de “Lucía”, una niña que mientras los kilómetros pasan descubre que el mundo que la rodea es muy distinto a lo que aparenta pero que en el fondo es bastante similar a lo que su corazón le dice. “Me interesa cuando hay algo vivo, una especie de documentación de la realidad”, dice Dominga, mientras Lucía en su película continúa su discurso con una actuación que nos lleva a pensar que a ella efectivamente le está pasando algo de verdad. Que lo que está en pantalla es más que un juego, y que lo que la rodea es más que luces, micrófonos y actores profesionales. A su alrededor las cosas suceden, mientras una cámara inteligentemente ubicada nos deja el espacio suficiente para conocer y desconocer a la vez, como si la idea fuese completar las frases con mis propios viajes, mi propia familia y mi propio dolor.

“Ya sabía cómo iban a ser los planos. El sentido está en las decisiones de puesta en escena. Acá lo importante era el cómo percibimos. Las limitaciones del auto, la distancia del niño. La fragmentación de las ventanas es lo fragmentado de la visión”. Asimismo, la decisión de optar por determinados planos y de dejar que el fuera de campo complementara la información hacen que la película adquiera una dependencia por el sonido, y así lo reflejan decisiones de guión donde cada palabra, cada canción, cada ruido de carretera se entiende como un espacio de confusión y descubrimiento a la vez, como si nos estuviesen incitando constantemente a no dejar parte de la información afuera. Aunque sepamos qué pasa, aunque entendamos que vendrá. Pareciese que no importara tanto tener conciencia total de los hechos, como si una voz nos llamara a olvidar esa búsqueda propia de los adultos de tener la última palabra y de entender hasta lo que no debemos saber. La intención nos obliga a dejar espacios vacíos y rellenarlos con preguntas y suposiciones. La empatía que en principio siento por Lucía crece hasta sentir el olor a bencina que alguna vez tuvo el auto viejo de mi papá. Ese auto que se lo había regalado mi abuelo y que a pesar de que sonaba a roto y de que era más barato comprar uno nuevo, él insistía en parcharlo artesanalmente aunque nos fuera dejar botados en una noche de invierno. De pronto, “De Jueves a Domingo” tiene algo mío, aunque no sea mi historia ni sea tan obvia la relación entre la mirada de Lucía y la del espectador. Dominga dice: “no me interesa decir nada conclusivo. Uno completa con su propia historia. No es una película que uno pueda ir a desconectar la cabeza. Es una película súper chilena que afuera la fue a ver mucha gente, y se sintieron identificados. Tenía la necesidad personal y media inconsciente de capturar algo que materialmente me parece interesante. El que esté grabada en ese material es una decisión más inconsciente. Hay sentimientos que viví yo, sueños, historias, pero otras no. El punto de partida personal pero de ahí la ficción crece. Siempre me ha parecido interesante que la gente retrate lo que tiene cerca. Quería acercarme a emociones reales de la infancia, cosas bien profundas. La estructura le deja demasiado tiempo al espectador y la gente la completa con sus propios viajes”.

El rescate de los momentos se percibe como una cuidada selección de un mapa de emociones donde las grandes lomas y valles están perfectamente establecidos, así el recorrido se traza desde los lugares de interés, independiente de que muchos de los grandes eventos se pierdan. La idea no es rescatar hechos sino permitir el espacio para que los sentimientos reconozcan a sus pares, sin importar dónde el viaje empieza o termina pero viviendo cada una de sus capas. Más que un cuento perfecto, se lee como una historia nocturna de esas que no entendemos bien qué son, pero que nos hace sentir olor a sábanas, y un poco de sueño, y la luz tenue del velador y una mano que nos cobija. Se traza una línea entre una sucesión de eventos proyectados y el recuerdo de un viaje familiar de forma muy sutil. Tan sutil que a veces no sabemos dónde estamos. Al término de la proyección más que una película correcta, “De jueves a Domingo” se percibe como un gran acto de verdad, ya sea por la coherencia de su propuesta o por lo que gatilla en nuestros corazones.

“El trabajo de actuación fue súper intenso. Cómo hacer que los niños fuesen espontáneos era un gran desafío, así que tomamos decisiones para que se pasaran emociones reales. Grabamos casi todo cronológicamente. Yo me guardé algunas cosas que le fui contando justo antes de grabar entonces a medida que la película avanzaba y llegaba a su fin ella también veía cómo el proceso llegaba a su fin. El guión iba pasando ahí y ella se iba dando cuenta hacia donde iba la película. Fueron cinco semanas donde priorizamos que fuera lo más agradable. Yo tenía súper claro qué les pasaba (a los personajes), pero me interesaba el entremedio, el viaje en sí mismo”. Dominga no habla sólo de la cabina de dirección, porque en “De Jueves a Domingo” se entiende la creación de una película como una obra de arte. Así, las decisiones de producción tienen una lógica propia que permite la exploración temática y el desarrollo estético de la obra. Parte de esa sensación ‘orgánica’ propia de la película es logro de un modelo de producción claro y consecuente con la búsqueda de la película, entendiendo que cada pieza es necesaria para que el engranaje trabaje como debe. “Cinestación es una cooperativa que nos da libertad. Los modelos de producción son los que revelan el resultado. Cada película tiene su naturaleza. En este caso el grupo humano que se armó se refleja. Hacemos las películas que queremos que existan”.

“De Jueves a Domingo” es clara, sutil e inteligente. Son mis recuerdos, mis sueños y mis vivencias personales. También es números, lógica y hechos. Es estreno en Inglaterra, es premios alrededor del mundo, es estreno en cartelera nacional y es la primera película distribuida nacionalmente por Cinemachile.

   Entrevista a Dominga Sotomayor

©Crítica por Ignacio Hache