Debo admitir que cuando fui a ver esta película, fui con el más pedante de los prejuicios. ¿Cómo culparme? Las últimas producciones que he visto del género han sido lamentables. Pero quizá el hecho de que mis expectativas sean tan bajas es que me lleve una sorpresa. Por ese aciago motivo no sé si la película es buena o solo un poco mejor de lo que mis prejuicios y expectativas habían forjado en mi elitista mente. “Demonio” es una película aceptable y bien hecha, pero nada sorprendente. Quizá su baluarte más significativo es que se preocupa de mantener la intriga y el misterio no revelando todos los datos al principio, presentando varios enigmas que psicológicamente funcionan mejor que rebuscados efectos.  Que de tener los tiene, pero los realizadores de esta película no dejaron toda la responsabilidad a la tecnología sino que trazaron una red de suspenso que funciona bien, aunque es verdad que peca de falta de originalidad y a veces  suena a un refrito de Poltergeist, Actividad Paranormal y otros clásicos del género.

La trama va de una pareja cuyo hijo sufre un accidente que lo deja en coma. Sin embargo, algunos sucesos extraños dentro de la casa van a poner a prueba todo el escepticismo de la pareja y comenzarán a sospechar que probablemente el coma de su hijo Dalton tiene un origen más sobrenatural que médico. Primero la madre comienza a sentir la presencia de extraños seres en la casa y a oír voces, luego el padre deberá despojarse de todos sus prejuicios positivistas para admitir que necesitan la ayuda de un experto en temas de ultratumba para rescatar a su hijo de abominables apariciones y un demonio muy, pero muy malulo, además de enterarse de que los anormales hechos están conectados con su propia persona, descubriendo un espeluznante secreto (muajajajaaaa).

Si bien la cinta es de los creadores de Saw y los productores de Actividad Paranormal, la película tiene más de lo segundo que lo primero. Es verdad que la narrativa le juega a favor y está bien lograda para generar suspenso, y que el terror “saltón”, tan popular en estos días, es un recurso del cual se nutre la película, pero no abusa como muchas en la actualidad. Y maneja muy bien la técnica del “no mostrar” tan popular en Alien o Pesadilla 1 para sugerir una amenaza que de ser mostrada no asustaría tanto, pero obviamente este recurso se desinfla cuando se muestran a las apariciones y los monstruos, incluso los protagonistas terminan enfrentándolo a combos y patadas ¿Quién puede respetar a un ser de ultratumba que se come un ganador en el hocico? Antes de llegar a ese clímax, los fantasmas y demonios son solo sugeridos. Antes de que marido y mujer acepten la existencia de fantasmas y apariciones, el terror es mejor manejado, se oyen ruidos, se ven sombras, pero claro, se cae mucho en lugares comunes de las películas de casa embrujadas y posesiones. Falto que el niño vomitara o girara la cabeza como en El Exorcista.

Lo que si se agradece es que pese a ser de los creadores de Saw, no se abuso del gore ni la sangre a litros o la violencia para generar terror, demostrando que no son necesarios para un filme de terror. Aun así, la película alcanza a ser digna, nada más. Pero no es culpa de la película ni los realizadores, a mi juicio, es culpa de la época. Hoy en día cuesta mucho ser totalmente original, y la mayoría de las cosas que vemos incorporan elementos de referentes anteriores. Por eso no es de extrañar que uno de los temas de la película sea la inicial reticencia de los padres a aceptar que existen los fantasmas y demonios, y solo cuando la amenaza se hace evidente optan por confiar en los médiums y cazafantasmas que le ofrecen su ayuda y que al principio habían sido ridiculizados. Lo mismo con el aspecto de los fantasmas, que recordaban a veces a la niña de El Aro, y otras daban ganas de que se pusieran a bailar Thriller. Y por supuesto, todos los clichés de películas de posesiones y casas embrujadas, que le llevan desde cambios de voz hasta objetos que se mueven, puertas que se cierran solas, siluetas que pasan corriendo y no se alcanzan a ver, etc. Pero repito, hoy en día la tarea de hacer una película de género y no hacer alusiones –hasta inconscientes o sin querer- o caer en el lugar común es muy difícil. Pero no se preocupe, no voy a caer en la demagogia repelente de decir “La película cumple con entretener, no va a ganar ningún premio pero le hará pasar un buen rato” porque sería una burrada. La película es una buena historia, y punto. Creo que es de lo mejorcito que se ha hecho de terror últimamente, pero dado el panorama actual, tampoco es motivo de orgullo, vamos. Así que no sea regodeón y vaya a verla. No sea como el pasado a cacurri que escribe estas líneas, que se las da de docto en el tema, que se pone a criticar películas desde la comodidad de su cuchitril cuando la triste realidad es que es un pobre pelagato que no le ha ganado a nadie y que con suerte asusta al vecino cuando sale sin ropa a sacar la basura. ¿Vieron? Si hasta yo uso clichés ¿Cómo no voy a jugar al abogado del diablo?

Por el Genial Felipe Tapia