Un infiltrado en las oscuras y peligrosas redes del crimen organizado mexicano es lo que propone “El Dandy”, serie original de TNT que hoy se estrena para toda la región. Además de ser la primera aventura en Latinoamérica de este canal de cable, la historia está inspirada en la película “Donnie Brasco”, que protagonizó Al Pacino y Johnny Depp en 1997.

Al ver el primer capítulo de “El Dandy”, inevitablemente uno piensa en “El Patrón del Mal”,  la serie sobre la vida y “obra” de Pablo Escobar que en Chile transmitió Mega. Al igual que su par colombiana, “El Dandy” no es una serie semanal, sino que tiene un formato más parecido a las telenovelas, con 70 capítulos, mucho presupuesto para explosiones y un lenguaje directo y realista.

Sin embargo, las similitudes terminan ahí, pues la serie del narco colombiano resaltaba el carácter y éxito de su protagonista, mientras ésta opta por una mirada un poco más cínica y más ambivalente respecto a sus personajes. Además “El Patrón del mal” logró rápidamente encontrar su propia identidad, mientras está nueva serie mexicana aún se debate entre los tics hollywoodenses y la idiosincrasia propia de su país de origen.

Así, el primer gran problema que hay que sortear para enganchar con “El Dandy” es que su historia parte de una premisa muy inverosímil. Un profesor de leyes, interpretado por Alfonso Herrera (ex RBD), es invitado a realizar un curso de un par de días en el FBI, y sus monitores descubren que no solo tiene un estado físico de atleta, sino también memoria fotográfica y una psicología audaz. Ideal para la misión que se traen entre manos. En solo dos escenas la serie trata de convencernos de que un honesto abogado, catedrático y padre de familia, es al mismo tiempo una especie de Usain Bolt, con sangre fría y nervios de acero.

Si la idea era utilizar la clásica estructura del “pez fuera del agua”, donde el personaje debe enfrentarse a un mundo absolutamente ajeno (“Cambio de Hábito” se me viene a la cabeza) había formas más coherentes de plantear el problema. La justificación de que con un jurista viviendo con los narcos podrán construir un caso penalmente irrefutable,  es tan absurda como la reacción del abogado que demora dos minutos en aceptar cambiar las aulas por una nueva vida con los criminales más peligrosos del país.  O sea, era más barato contratarlo como asesor legal que arriesgarse a que termine con una bala entre pecho y espalda.

Pero bueno, saltándose ese pie forzado la serie toma cuerpo a partir del constante espejeo entre el personaje de Herrera, cuya chapa es “El Dandy Bracho” y “El Chueco“(Damian Alcazar) un criminal de poca monta que no ha podido ascender y se mantiene como un triste actor secundario dentro de la organización delictual.

Este personaje, “El Chueco”, es probablemente lo más interesante de la producción.  Su vida decadente, su sentido del humor y la forma que tiene de entender la vida criminal, es lo más original  (y latinoamericano) que aparece en el primer capítulo. Sus misiones fallidas y sus relaciones paralelas con distintas mujeres resultan al mismo tiempo divertidas y  penosas. Así, la estrategia de humanizar al “villano” y ubicarlo como uno de esos tantos perdedores que nunca logran escapar a la violencia  que los rodea, funciona.  Tanto, que la historia del infiltrado se diluye hasta que uno casi olvida que sigue ahí.

“El Dandy” es una serie que parece albergar dos series en una. En un rincón las predecibles aventuras del jovencito, fuerte y guapeton, y en la otra esquina, los devaneos de un viejo criminal que nunca será El Padrino y al que solo le queda someterse con resignación e ingenio al poder de turno. En esta dicotomía habrá que ver que prevalece. Ojalá la serie logre encontrar un camino propio, una personalidad que la distinga y no termine acribillada por la lluvia de balas que ya nos han acostumbrado otros productos similares.

Por @aldusvidal