Se suma un nuevo miembro a nuestro equipo de redacción: Pablo Pinto, estudiante de cine y experto en películas clase B, de terror y ciencia ficción europea, oriental y de lugares que ni imaginas que existen. Dos veces al mes nos recordará algún filme olvidado por la mayoría, pero que por razones que él mismo explicará, se podría considerar de culto. O al menos alguna película rara y divertida de visitar. Los dejamos entonces con el primer episodio de esta nueva sección: “Historias desde la tumba”

Corría la tarde de un sábado, por ahí por el 2004. Recorriendo un típico persa de Santiago (imaginarán cual), entre muebles, libros e instrumentos de segunda mano, logro dar con una tienda algo rústica, que tenía  cientos de películas en vhs apiladas en cajas y todas tenían el logotipo de un videoclub de barrio. Comienzo entonces a meterme, literalmente, en una de estas cajas y logro ver encima una película de culto en el género del horror hispano: “El espanto Surge de la tumba”. A pesar del festín que me esperaba en las otras cajas, decidí llevarme a casa esta y otra de Mario Bava, iniciando así una tarde llena de suspenso, artesanía, horror, y creatividad. Todo gracias a mi humilde reproductor de vhs de cuatro cabezales.

Ambientada en la Francia medieval, un brujo llamado Alaric de Marnac (interpretado por Paul Naschy), es ejecutado junto a su esposa Mabille de Lancré, acusados de prácticas demoniacas y vampíricas entre otras atrocidades. El brujo antes de morir, jura venganza sobre los descendientes de sus ejecutores,  su mujer es colgada en un árbol y  torturada, mientras él termina decapitado, para luego sus asesinos enterrar su cabeza lejos de su cuerpo. Cuatro siglos después (o sea en la actualidad), dos íntimos amigos, el primero un joven de clase alta y el otro, un pintor con ciertas frustraciones profesionales, ambos descendientes directos de los protagonistas originales esta historia  (del brujo uno, y el otro de su ejecutor),  junto con sus novias, son invitados a una reunión de amigos y es ahí donde conocen a una médium, la cual es reconocida por sus trabajos de espiritismo. A este par de amigos, les termina “picando el bichito” y deciden contactarse con su antepasado, el demoniaco brujo Alaric de Marnac; en la sesión de espiritismo, la médium se contacta con el brujo y este le dice el lugar donde fue enterrado su cuerpo y su cabeza.

Luego de aquella sesión de espiritismo, ambos amigos deciden ir a los terrenos de sus ascendientes, los cuales estaban en castillos del sur de Europa. Una vez allí, uno de ellos, el pintor (que era descendiente directo del verdugo), comienza a ser acechado por la figura de un rostro, que solo él puede ver, ignorando que esa figura es la del malvado Alaric de Marnac. Por otra parte, los lugareños le dicen sobre la leyenda de un tesoro que merodea los terrenos de aquella gótica construcción, a la que muchos se han adentrado a buscar y nunca vuelven. Ambos comienzan a ser tentados por su ambición por aquel tesoro, y en su búsqueda, terminan encontrando un cofre, lo que desencadena una serie de asesinatos inexplicables.

El auto en el que llegaron se descompone, no hay forma de salir de aquel pueblo, los lugareños creen que ellos traen el mal a sus vidas, y para peor, ellos ignoran que dentro del cofre se encuentra la cabeza del mítico brujo Alarid de Marnac, cuyo cuerpo yace enterrado en el castillo, y al llevar el cofre dentro de éste, vuelven a la vida al brujo y con él a su endemoniada esposa, comenzando así el terror en sus vidas.

Película con una rica fotografía y ambientación, gran manejo de los efectos especiales, todos artesanales, a la antigua, con un guión creado en sólo una noche (por el mismo Paul Naschy), rodada en 4 semanas, en los alrededores de Madrid. Es una de las primeras películas de gore hispano, con escenas de erotismo como era de costumbre en aquella década del setenta, y un terror clásico de castillos y brujos. Esta película junto con tantas obras maestras del terror hispano, demostraba que no era necesario tener gran presupuesto o connotados actores para crear terror en celuloide, que no se necesitaba tener una productora como la “Hammer”, para crear vampiros y brujos que trascendieran la historia del cine de terror; esta obra maestra del cine de la madre patria es un claro ejemplo de que con una buena idea, bajo presupuesto, y mucha artesanía, se podían realizar grandes producciones y desarrollar un nuevo subgénero dentro de un mercado donde las películas de terror, no tenían mucho éxito. Sin embargo, el tiempo les dio la razón y hoy por hoy son consideradas objetos de culto por muchos cinéfilos.

Cuando terminé de ver aquella película, tomé el vhs y anoté la dirección del video club que aparecía en la caja, con la esperanza de que aún existiese en algún rincón de Santiago. Tomé mi chaqueta entonces y salí a buscar… ¿con qué me encontraría? Se los cuento en mi siguiente columna.

Por Pablo Pinto