Atención: este artículo está lleno de spoilers. Si no has visto el final de LOST, te recomendamos que no lo leas (o después no digas que no te lo advertimos).

La serie Lost ha llegado, para alivio de muchos, a su fin. Durante seis temporadas, conocimos personajes, nos despedimos de varios en el camino, simpatizamos con unos, nos cuestionamos la utilidad en la trama de otros. El grupo de náufragos de la isla misteriosa tuvo que enfrentarse a sus errores del pasado, nativos hostiles, monstruos humeantes, empresarios inescrupulosos, mercenarios, osos polares, y una avalancha de preguntas que no encontraron su respuesta sino al final de la serie. Pero la mayoría ni siquiera fueron respondidas. Jack, Kate, Sawyer, Hugo, Sayid, Ben, Locke, Jin, Sun, Desmond, Claire y los demás finalmente descubrirán qué los conecta a la isla misteriosa. Al menos, los que sobrevivan. Las altas expectativas generadas, se encontraron con un final idiota, meloso y cliché. Vamos, nadie esperaba que nos dijeran el significado de la vida, pero la decepción fue pantagruélica. Como seguidor, fui indulgente, lo reconozco. Pensaba que debía hacer concesiones, en espera de un clímax apoteósico que haría encajar las piezas sueltas. En lugar de eso, me di cuenta de que ni rompecabezas había. Cuando la Tercera Temporada dio muestras claras de relleno, decidí darle una oportunidad. Cuando la Cuarta Temporada mostró que la isla podía moverse, decidí confiar en que algo arreglaría esa chambonada argumental. Cuando los personajes volvieron a la isla y viajaron en el tiempo, seguía aferrado a la idea de que de alguna forma explicarían y arreglarían eso también. La mayoría de los espectadores hicimos la vista gorda ante los errores, vueltas innecesarias, misterios inútiles, esperanzados de que el gran final lo arreglaría todo. Pero éste vino a nosotros como un mesías curcuncho, como una tierra prometida de utilería.

La serie comenzó a emitirse en el año 2004. 48 náufragos (más otros de yapa), víctimas de un accidente de avión, caen en una isla desconocida, que no aparece en los mapas. La isla tiene algunas propiedades extrañas, como curar el cáncer, la parálisis y la infertilidad, y matar a las embarazadas que conciben ahí. Como es lógico en estas situaciones, deben unirse para sobrevivir y esperar ser rescatados. No tardan en darse cuenta de que no están solos. Siniestros nativos los acechan, además de un monstruo. Un montón de escotillas con variopinta tecnología, un pie de una estatua gigante, casas con barrio, juegos de plaza y todo (de verdad, se los juro) denotan que la isla no resultó ser tan virgen y selvática como parecía en un principio. También, el “Familia Robinson’s Life Style” va tornándose cada vez más civilizado: Los perdidos tienen a su disposición armas, vino, cereales (todo marca Dharma), autos, y hasta mesas de Ping-Pong (Se los juro también). Junto con lo que descubren (O no descubren) en la isla, vamos conociendo el pasado de los personajes más relevantes de los 48 (La consigna para los pasajeros sobrevivientes del Oceanic 815 es: si no tienes vida interesante, no hay flashback para ti).

Las historias del pasado nos van dando a entender que las vidas de la mayoría de los personajes estaban ligadas desde antes del accidente aéreo, por algún tipo de conexión del destino. O sea, no fue casualidad la cosa. La mayoría de las cosas que pasan dan a entender que hay algo así como un gran plan, alguien tirando de unos hilos con enigmáticos propósitos. Una especie de esquema general, un fin sublime que conecta a los tripulantes del Oceanic 815, una voluntad superior que desconocen los personajes, los espectadores, y al parecer, también los guionistas. La serie tiene varias subtramas, una maraña de acontecimientos que parecen tener un sentido oculto, cambios de bando en ciertos personajes, y varios recursos narrativos que construyen, confunden, o a veces pervierten la historia. Flashback, flashforward, racconto, salto en el tiempo y mundo paralelo son las más recurrentes. Durante las temporadas van llegando, en submarino, barco, avioneta, helicóptero, otro avión y otros medios, más piezas para este dramático tablero de ajedrez. La isla termina superpoblada de personajes, y la historia se vuelve completamente inestable a cada momento: Los personajes son secuestrados, huyen, el grupo se separa, se vuelve a unir, algunos escapan de la isla, luego vuelven, viajan al pasado, regresan, etc.

Si a todo lo anterior se agrega que los chilenos teníamos nuestro propio náufrago compatriota (el gordito chistoso, que sabemos nunca morirá, era que no), la serie estaba sobrada de cariño en cuanto a elementos que motivaban a verla. Y seguirla.

Resulta claro que la serie, de los autores J.J. Abrams, Damon Lindelof, y Jeffrey Lieber (el primero es considerado por muchos el mejor guionista vivo) se inspira o recoge ideas de la mayoría de las historias clásicas de naufragios: Robinson Crusoe, La Isla del Tesoro, La Isla de la fantasía, El Señor de Las Moscas, La Isla del Dr. Muroe, y la más obvia, La Isla de Gilligan (Otros indican que J.J.Abrams es el mejor reescritor de la historia contemporánea). Quizá a eso se debe la amalgama de temáticas de ciencia ficción, implicancias religiosas, intrigas, dilemas sobre la capacidad del hombre de hacer el bien o el mal, acción, romance, etc. O quizá se debe a que nunca hubo una claridad inicial acerca de para dónde iba la cosa. El cuento del Diablo y Dios, huele sospechosamente a sacada de pillos. Y el final, que pasó de lo mitológico a lo fofamente religioso,  hace ser a la serie, a juicio de un servidor, la estafa más idiota e improvisada de la historia del audiovisual. Y otra prueba más de lo poco claro que tenían el cuento los escritores.

Walt Lloyd, interpretado por Malcolm David Kelley

Un claro ejemplo: la desaparición del personaje Walt en la historia se debió únicamente a que el actor creció en tres años, y como en la serie solo habían pasado unos meses, no era posible mostrarlo sin antes inventar que algunos personajes salieron de la isla y pasaron tres años en la civilización. El por qué Shannon no aparece en la realidad paralela creada en la sexta temporada, a diferencia de su hermanastro Boone (La explicación: decidió quedarse en Sydney, cosa que no hizo en la primera temporada) se debe únicamente a que la actriz no quiso seguir en la serie. Solo en el impresentable episodio final apareció, quién sabe cuánto le habrán ofrecido. Mister Eko murió únicamente porque no quería seguir en la serie. Claro, a esas alturas los guionistas ni siquiera habían pensado eso de que el monstruo no puede matar a los candidatos. Los mismos guionistas reconocieron que muchas veces el guión se les fue de las manos, pero eso no justifica la basura sentimentaloide y digerible para el público amorfo con la que nos dejaron atónitos. El típico final feliz que lo arregla todo en el último momento. Los muertos resucitados, las viejas rencillas, todo. Este final fue como una versión simplona de la famosa teoría del Purgatorio.

No me canso de repetirlo, una enorme decepción. Había elementos buenísimos, gatilladores de la curiosidad, como la estatua, el pasado de algunos personajes, el origen de Los Otros, el botón de la escotilla, Rose y Bernard, Walt. Hasta el Monstruo era más interesante, antes de convertirse en el némesis aburrido de Jacob. La interesante mitología fue sustituida por un conflicto tontorrón, con olor a religión canuta estadounidense, y el desenlace más absurdo que pudieron haber pensado.

Para qué hablar de los anticlímax enormemente desalentadores: una poco creíble Kate convenciendo en tres segundos a Claire de que los acompañe, cuando Richard lo había intentado con anterioridad; las sucintas epifanías de Sawyer y Juliet, Shannon y Sayid; o el amorfo cara a cara de Jack y los otros con Locke-humo, Ben y Desmond, antes de ir a la cueva. Y la sacada del tapón de la isla, innegablemente absurdo.

El misterioso humo negro de LOST

Es indudable que Lost, para bien o para mal, creó escuela en lo que a series de culto se refiere. La estructura narrativa y la construcción de personajes, han formado una fuente de la que beben muchas series actuales. Dejando de lado los evidentes altibajos en la calidad del argumento, los rellenos, los alargues, entre otras cosas, cuesta decir si la serie Lost ha creado fanáticos a la buena, por ser una serie bien contada, o a la mala, es decir, capturando seguidores mediante evidentes estrategias de mercadeo, un suspenso algo obvio y básico, y técnicas generadoras de impacto, como matar personajes sin previo aviso. Y es que a veces, da la impresión de que todos querían saber cómo terminaba Lost. Pero casi como un deber moral. No importa cómo, pero que la terminen, pero ya. Ya nadie aguanta más suspenso, frases a medias o planes secretos. Seis temporadas de misterio es mucho.

También pareció haber sido hecha, en lo visual, considerando el público femenino. Vimos más veces a Sawyer (con calugas en reposo, hay que decirlo) o Jack sin polera, que a Kate o Sun sin polera. Punto para la igualdad de géneros.

Lost fue una serie que atrapó a muchos en la excelente primera temporada, donde se nos contaba la historia de cada náufrago, al tiempo que en la isla se mostraban varios misterios. La cosa, claramente, se les fue yendo de las manos. Hasta el más ortodoxo de los fanáticos admite que la historia ha sido hecha sobre la marcha, y que hay errores de coherencia lógica argumental garrafales.

¿Por qué secuestran a Jack, Sawyer, Hugo y Kate en la segunda temporada? ¿Qué fue eso? ¿Se olvidaron los guionistas?

¿Por qué Richard hablaba como latino en su racontto, si era español?

¿Por qué Walt se le aparece a Locke al final de la tercera temporada, cuando Ben le había disparado?

¿Por qué Los Otros mataban gente antes? Entendemos que secuestren embarazadas para experimentar, pero ¿Y lo de matar  y secuestrar niños?

¿Alguna explicación racional de que la azafata se haya unido a Los Otros? ¿Síndrome de Estocolmo?¿Guionistas perezosos?

¿Qué fue de los niños secuestrados?

¿Alguna explicación racional del mecanismo en la isla para moverla?

En la realidad paralela ¿Por qué el padre de Miles se veía igual que en los años 70? ¿No envejece, como Richard?

¿Por qué Ben quería que volvieran todos a la isla, incluso el cadáver de Locke? ¿Qué sacaba? Y si Ben conoce una manera de salir de la isla, que usó en la temporada 4 ¿Por qué Jack y los demás no salen de la isla por ahí, en lugar de buscar un transporte, en la sexta temporada?

¿Por qué Ben podía controlar al monstruo humeante en la cuarta temporada?

¿Y la estatua?

Lo del vuelo del Ajira ¿Podrían por favor, dejar de joderme?

Y la duda más importante ¿De verdad esperan a que nos traguemos que el humo negro orquestó todo, fue capaz de predecir que Ben mataría a Locke, para poder suplantarlo, que algunos personajes escaparían y querrían volver, que otros viajarían en el tiempo y se les ocurriría tirar una bomba H para cambiar las cosas? Señores guionistas, no me insulten, ningún villano puede maquinar con tanta precisión.

A cada personaje atractivo que moría, le sucedía una docena, la mayoría prescindible (En lugar de profundizar en los primeros).Era muy notorio el suspenso artificial cuyo único propósito era reclutar adeptos. ¿Es válido cautivar fanáticos a la mala, omitiendo datos en lugar de mostrar una historia mejor enfocada?

También se abusó de algunas estrategias narrativas. Ethan y el Profesor Arltz  tuvieron más cameos que Stan Lee en las películas Marvel. Lo de matar a todos los náufragos anónimos en la quinta temporada, fue claramente para librase de personajes innecesarios o mal aprovechados. Una chambonada, señores, ni más ni menos. Decididamente, tejieron una red tan enmarañada que no pudieron nunca acabar. Y no me vengan con eso de que importa más el viaje que el destino, porque me sentiré insultado como espectador.

Lenta y progresivamente, la serie Lost fue pasando de lo tópico al estereotipo, de lo innovador a lo rebuscado, de la ficción al absurdo, del drama al impacto facilón, de lo polifónico a la vuelta del perro narrativo. Pero el final fue una decepción enorme. Y es una lástima, porque a pesar de todo, ésta fue una serie que apostó por un público más activo que ovino, capaz de organizar datos, construir una trama, relacionar conceptos, e inferir. Y eso es algo que siempre se agradece, en una era donde se busca entrar más por el recurso mamográfico. Pero la manera en que concluye la historia, reuniendo a todos los personajes en una iglesia, abrazándose y riendo, es un pecado narrativo. Realmente, de todos los finales absurdos y teorías delirantes que circularon por la red, escogieron el más mediocre. Hubiera preferido que dijesen que todo fue un sueño de la tipa que vendía los boletos de avión. Jamás les perdonaremos que hayan terminado esta serie con una reunión por Facebook de ex compañeros de colegio. Jamás.

Que todo haya sido preparado para encontrar a un reemplazante de Jacob, el que cuida la isla, está muy por debajo de las expectativas. Que Lapidus, justo el piloto que puede volar el avión para sacar a los personajes, haya sido el único que sobrevivió a la explosión del submarino, fue una tomadura de pelo recalcitrante. Hugo y Ben protegiendo la isla, una vez muerto Jack y el maloso ¿Protegerla de qué? ¿De que el perro Vincent rompa las plantas?

Si el final es así de horrible, puede comprobarlo usted mismo. Si no se enganchó a tiempo para verla en AXN o canal 13, puede arrendar o comprar las 5 primeras temporadas en Blockbuster, Paseo Las Palmas y muchos lugares de Santiago. Además, los productores fueron tan amables de incluir, al principio de cada temporada, un capítulo 0 que es un resumen de la temporada anterior, por si queda colgado. Lástima que no hayan sido lo suficientemente amables para terminar con un final decente, una serie que otrora tuvo un gran potencial.

Como bonus, les dejo un link de referencias sacadas de La Isla de Gilligan, en las que se “inspiró” Lost.  (Solo en inglés).

[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=X13riysl9ng]

Por Felipe Tapia