Este sin duda ha sido uno de los años más trágicos. Figuras de la talla de Ennio Morricone o Luis Sepúlveda han partido, algunas producto de la pandemia, otros simplemente por la naturaleza. No obstante, una de las que más nos remeció fue la de hace dos días: la muerte de Joaquín Lavado, más conocido como Quino, afectó a todos los fans de sus comics.

A través de su personaje Mafalda nos invitó a cuestionar el mundo como lo conocemos, desde la perspectiva inocente pero a la vez despierta de una niña que en inicios de la tira recién comenzaba a ir al jardín infantil. La gracia del comic es que, a diferencia de otros que también contienen un subtexto político, no era panfletario y usaba un humor inteligente, a diferencia de la sátira política actual que tiende, a mi gusto, a abusar del hombre de paja o sobreexplotar el lenguaje de los memes como recurso.

El hipercapitalista Manolito, el idealista Felipito, la deslenguada Libertad, la egomaniaca Susanita, el filósofo Miguelito y hasta el inocente Guille, eran los amigos de Mafalda que encarnaban diferentes tipos de sujetos políticos que siguen teniendo vigencia en una obra que supera el paso del tiempo y jamás se volverá obsoleta. Es muy difícil que vuelva a existir un comic de la calidad de Mafalda.

Sin embargo, esa no fue la única obra de Quino. Su humor político está recopilado en más de diez libros en donde se puede apreciar su genio creativo y su mirada mordaz de la política. En ellos, se nos muestra que el deseo de poder no es exclusivo de ciertos grupos, como en la actualidad se insiste en mostrar, sino que, por el contrario, la lucha por el poder, el aprovechamiento, el abuso y el cinismo son rasgos esenciales de la naturaleza humana, por ello es tan fácil verse identificado en algunas de sus tiras, a diferencia de otros autores de humor gráfico que nos dicen lo que queremos escuchar, retratando mundos de buenos y malos.

Cuando una obra gráfica es muy buena es casi natural que posteriormente esta dé el salto a la pantalla. Una de ellas fue Quinoscopio, de 1983, serie de seis mino películas que animaba algunos de sus chistes de humor gráfico. La producción estuvo a cargo del equipo de animación cubana en la que estuvo Juan Padrón, el de “Vampiros en la Habana”. Aquí pueden ver los primeros tres episodios:

Y aquí, el episodio 4:

Pero ese no fue el único legado audiovisual del maestro. Casi diez años atrás, en el 1972, se produjo esta película que recopilaba varios de las mejores tiras de Mafalda. Una de las decisiones acertadas de Quino fue dejar de publicarla y evitar que la calidad de su obra decayera, como pasó, por ejemplo, con Condorito. En este link pueden verla completa:

La última producción audiovisual del personaje se realizó en 1993 bajo el título de Mafalda animada, en esta oportunidad recopilando gags mudos sin voces. I bien no contiene la mordacidad de sus predecesores animados y en viñetas, para cualquier fan es un deleite ver a sus queridos personajes y más de una risa nos sacarán. Como son muchos cortos, acá les mostraremos lpos cortos en partes:

No soy de los que romantizan el pasado ni alegan que todo lo actual es malo, pero cuesta pensar que vayamos a conocer a un genio del calibre de Quino. Desde pequeños nos invitó a cuestionarnos el mundo y a indignarnos contra la injusticia sin caer en el panfleterismo barato. Aunque suene a un cliché y se use la misma frase con michos artistas muertos, esta vez es en serio: si legado permanecerá vivo y su huella será imborrable. Hasta nunca, Joaquín Lavado. Gracias por tanto.

Por Felipe Tapia