Aun no terminamos el especial de Phillip Seymour Hoffman, lamentando su partida, y nos llueve sobre mojado con la pérdida de uno de los Cazafantasmas y director de “El día de la marmota” (Harold Ramis 1944-2014). Ya hablaremos de eso. Por ahora Hugo Díaz nos recuerda otra parte del universo Hoffman. Su camaleónica participación como secundario en la sátira política del director de “El graduado” (1967) y “Closer” (2004), Mike Nichols, en donde interpreta a un maduro, obstinado y mordaz agente de la CIA que ayuda a un congresista a financiar a los campesinos afganos para que luchen contra la U.R.S.S. Un papel para muchos desconocido, pero que le valió su segunda nominación al Oscar en 2008.

“Juego del poder”:

La guerra personal de Charlie y Gust

Mas o menos la cosa se resume así: Al chico de una aldea le regalan un caballo. Toda la aldea se pone feliz. “El chico tiene un caballo”, dicen. “Eso lo veremos”, dice el maestro Zen. Dos años después, el chico se cae de su caballo y se quiebra la pierna. “Qué terrible” dice la gente en la aldea, “ya veremos” dice el maestro Zen. Pasan otros dos años y empieza una guerra terrible y el chico inválido no puede enlistarse e ir a pelear. “Es maravilloso, qué bien por él”, dice la gente en la aldea … adivinen lo que dijo el maestro Zen.

La fábula del “Ya veremos” (el no saber qué va a pasar) encapsulada en el tercer acto de la película de Mike Nichols “Juego de poder” (Charlie Wilson’s War, 2007), es narrada por el personaje Gust Avrakotos (Phillip Seymour Hoffman) al protagonista Charlie Wilson (Tom Hanks) como una advertencia a la visión cortoplacista de la clase política, incapaz de prever consecuencias a los actos de intrusión en el exterior. En este caso, la de financiar a rebeldes afganos en plena ocupación soviética a riesgo de volver la guerra fría en guerra de verdad. En medio de una fiesta, la anécdota sobre el maestro zen es seguida por una tensa discusión y luego la calma, con un ruido de aviones de fondo, que en el contexto actual se asocia a lo que 14 años en el futuro de esa escena será el desastre de las torres gemelas en la ciudad de Nueva York.

Comienza la década de los 80 y el agente de la CIA Gust Avrakotos esta a cargo, él solo, de la lucha contra el comunismo (en realidad él y otros tres tipos en una oficina compartida). Con un presupuesto ridículo no es mucho lo que se puede hacer desde el frente “Washington DC” durante esta guerra fría.

Gust es un panzón insoportable. No tiene problemas en gritonearle a su insufrible jefe frente a todo el resto de sus empleados quienes, en secreto, también lo detestan. Al igual que Ian Malcolm en “Jurassic Park” (1993), la frase “como odio tener razón siempre” le viene de perilla. Rodeado de mentes tan poderosas y pragmáticas como la suya, su fallo es quizás el más terrible de todos: No saber venderse en la ciudad donde la moneda de canje son los favores. Gust (“los ojos”) necesita que Charlie (“el cerebro”) le consiga el dinero para funcionar, Charlie tiene la convicción pero la plata la tiene casi en su bolsillo. Por ese “casi” es que necesita los contactos de Joanne (“el cuerpo”, interpretado por una irreconocible Julia Roberts), quien se las arregla para meter a Dios en el juego y utilizarlo como palanca política, a riesgo de volver toda la operación en un movimiento religioso. “Necesitamos a Dios de nuestro lado”, dice Joanne.

Charlie Wilson's War UK movie poster

Gust es el punto de vista moral en esta sátira política en donde el protagonista, pese a su astucia, no puede hacer prácticamente nada sin la ayuda de Bonnie, su asistente personal (Amy Adams). Hanks pasa a ser el arquetipo del político sinvergüenza y la Roberts, la casi caricatura de una fascista republicana religiosa, una rota con plata en el buen sentido. Una Evelyn, pero con muchísimo más dinero y pachorra.

Tal como en una especie de avanzada de lo que sería “House of Cards”, el trío expone desde su propio escenario las idas y venidas de “la máquina”. Conocer “la máquina” es moverla y si es a tu favor, entonces es empoderarte. De eso se trata todo, de jugar al poder. Charlie Wilson lo sabe, y si bien su cruzada se nutre de la lucha contra la injusticia y opresión del pueblo afgano, en el fondo, la ideología yanqui y el egocentrismo de poder conseguir lo que sea (como aumentar de 5 a 1000 millones de dólares un presupuesto), pesa tanto o más a la hora de tomar las decisiones. Y ahí, junto a Charlie, está nuestro antihéroe Gust. Y dentro de Gust, nuestro querido Philip.

Por ©Hugo Díaz