Una de las escenas más recordadas de “Joker”, la cinta que le valió el Oscar a Joaquin Phoenix, es cuando saca su pistola y mata a unos ejecutivos en el metro que se burlaban de él. Esta escena está inspirada en una historia real, la de Bernhard ‘Bernie’ Goetz, conocido como el ‘justiciero del metro’, ahora un documental en la serie de Netflix Juicios mediáticos (Trial by media). En la vida real las cosas no pasaron exactamente igual, pero la repercusión mediática y el debate posterior que nos dejó la película son muy parecidos.

¿Qué ocurrió?

El 22 de diciembre de 1984, a las 2 de la tarde, Bernhard Goetz disparó a cuatro jóvenes afroamericanos en el metro de la ciudad de Nueva York, en la línea que le llevaba a Union Square, cuando, según su testimonio, le agredieron después de pedirle dinero (cinco dólares) y que él se negara. Tres de ellos sobrevivieron del tiroteo, pero uno quedó paralítico y sufrió daños severos en el cerebro. Según Goetz no era la primera vez que era atacado en el metro. Tres años antes, en 1981, según su testimonio, tres adolescentes también de origen afroamericano, le habían robado su material de trabajo y le habrían pegado. Al ir a denunciarlo, según su relato, la Policía no le tomó en serio y decidió a partir de ese momento ir armado. Goetz compró un arma, una Smith & Wesson del calibre 38 como la del Joker y empezó a llevarla consigo cada día. Por cierto, no tenía permiso para portar el arma.

Después de disparar a los jóvenes, un pasajero tiró del freno de emergencia. Al poco entró corriendo el conductor que se encontró con los jóvenes en el suelo, tendidos sobre enormes charcos de sangre, y al propio Goetz balbuceando: “Me han atacado”. Acto seguido saltó del tren y huyo por los túneles. En los días siguientes los medios se dividieron entre ‘justiciero del tren’ y ‘ataque racial’. Un editorial del diario New York Post se dirigió al justiciero: “Los editores y reporteros de este periódico entienden su enfado y frustración … Soportamos el mismo miedo y enfado que explotó en usted el sábado”. Una situación igual a la que ocurre en “Joker”.

Días después, Goetz se entregó en una comisaría de Policía en New Hampshire. Los detectives neoyorquinos que cubrían el caso se desplazaron allí en medio de la celebración de Navidad. En el primer interrogatorio, Goetz dijo: “Quería matar a esos tipos. Quería mutilarles a esos tipos. Quería hacerlos sufrir de todas las formas posibles … Si hubiera tenido más balas, les habría disparado una y otra vez. Mi problema fue que me quedé sin balas”.

También le dijo a la Policía que no le gustaba la forma en que uno de los jóvenes le había estado mirando en el metro, antes de pedirle el dinero. Goetz declaró que “había una mirada brillante en sus ojos, como si se burlaran de mí”, y en ese momento, Goetz pensó que no tenía más remedio que disparar. “Para el combate, tienes que ser de sangre fría y yo también. Y fue en ese momento que decidí matarlos después de todo, asesinarlos a todos”, concluyó.

Goetz regresó a Manhattan, donde le acusaron de posesión ilegal de armas e intento de asesinato. Su fianza se fijó primero en 50.000 dólares, luego se redujo a 5.000 dólares y fue puesto bajo custodia en Rikers Island. Cinco días después de confesar, pagó la fianza y regresó a su casa. En la primavera de 1985, comenzó el juicio. Una encuesta del New York Times de enero de ese mismo año indicaba que el 52% de los neoyorquinos creía que lo que había hecho Goetz estaba justificado. El 56% de las personas que lo apoyaban eran blancos y el 45% negros.

En 1987, un jurado predominantemente blanco absolvió a Goetz de intento de asesinato, pero lo encontró culpable de posesión ilegal de armas de fuego. Fue condenado a 250 días de prisión. La familia del joven cuyo cerebro quedó dañado volvió a demandarle en 1996 y ganó el juicio. Desde que salió en libertad Goetz se convirtió en un activista pro-legalización de la marihuana y en un firme defensor de las ardillas de Nueva York.

Fuente: Esquire.