Tiene los mejores trajes, usa perfumes carísimos, sus zapatos están siempre brillantes y en su cabellera no hay un pelo fuera de lugar.  Es un ejecutivo top, si. Pero también es un despiadado psicópata.  Nacido de la novela “American Psycho” del escritor norteamericano Bret Easton Ellis, Patrick Bateman es lo que podríamos considerar el primer psicópata neoliberal.

Patrick es un exitoso corredor de bolsa, que aún no cumple 30 años, obsesionado con el dinero, los lujos y el poder. Es altamente competitivo y no soporta la derrota. Hijo del discurso exitista de finales de los ochenta, aparece en un mundo donde la tecnología aún no se ha democratizado y funciona como símbolo de estatus. No tiene conexiones humanas con ninguno de sus compañeros y su novia, es más un objeto que le otorga prestancia que un amor apasionado.

“American Psycho” describe el mundo de los negocios como un lugar sin corazón ni valores, donde todo vale por lograr el éxito. En este contexto, aparece una dimensión aún más extrema de la frialdad corporativa: la necesidad de destruir a quienes no se ajustan al canon del éxito del protagonista.  Por eso sus víctimas son “parias de la sociedad”: mendigos, prostitutas y ejecutivos más “débiles”.

La novela que narra los crímenes de Bateman apareció en 1991, desatando mucha  polémica y ubicando a Easton Ellis como el “niño terrible” de la literatura norteamericana. La adaptación cinematográfica apareció casi 10 años después, en el año 2000, con Christian Bale como eje central de la historia y Mary Harron en la dirección.

En la cinta podemos ver rápidamente como funciona la mente de este psicópata. Su rutina de belleza es una de las primeras cosas que sobresalen, e  incluso podríamos decir que se trata del primer metrosexual del cine. Cremas y limpiezas faciales, ejercicios, depilación, y una dedicación absoluta a su presentación personal, todo para consolidar su imagen de éxito. Bateman es exhibido como un ser infinitamente superficial, que literalmente se viste para matar.

En este sentido, “American Psycho” podría ser considerada como una relectura del mito de Narciso.  Las escenas de sexo donde a través de los espejos se observa a sí mismo, posa e incluso se hace gestos admiración, demuestran que incluso en esos momentos, lo único que le importa es sí mismo.  Sin embargo,  a diferencia del mito clásico, nuestro protagonista no solo está “enamorado” de su propia imagen, también pretende destruir todo lo que no este a la altura del mundo inmaculado que ha construido.

La idea de limpieza está presente durante toda la película. Bateman vive en un departamento con paredes y muebles blancos. Un lugar sin referencias, vacío de sentido, sin fotos, ni rasgos de su personalidad. Cuando comienza a asesinar a las prostitutas que recoge en la calle y la sangre inunda el albo departamento, su primera necesidad es hacer que todo vuelva a la pulcritud  anterior.

Su furia hacia lo feo se demuestra también en su deprecio hacia los vagabundos, a quienes parece odiar profundamente. Cuando asesina al mendigo que vive cerca de su edificio, también elimina al perro abandonado que el hombre cuidaba. No deben quedar rastros de este tipo de personas, parece ser su nefasta filosofía.

Bateman tiene una mentalidad infantil y básica. Sus luchas son insignificantes. Todo lo que simbolice estatus lo desvela, ya sea moda, tecnología o música pop. Una escena en la película que demuestra esta dimensión ocurre cuando cada uno de los ejecutivos exhibe, como si fuera una medalla, su tarjeta de presentación. Patrick cree que es el mejor hasta que uno de sus competidores muestra una hecha con un papel exclusivo. Vencido y humillado decide que después de eso no queda más que matar a su rival.

El único espacio en que este psicópata adquiere cierta humanidad, es con las personas que le demuestran cariño. De hecho, en un momento él confiesa que solo quiere ser amado, por eso decide salvar a las tres personas que le profesan amor: su novia, su secretaria y un colega gay.  En todos esos casos, pese a su instinto asesino y su intención de destruirlos,  la dedicación  de esos personajes parece conmoverlo.

Cuando la película avanza y ha caído en una desenfrenó de sangre y muerte, motosierra incluida,  decide que la única posibilidad de redención es confesar. Sin embargo, la misma sociedad donde él reina y triunfa parece que demostrarle que para tipos como él, la impunidad es la salida natural.

 © Por Aldo Vidal