En ambas versiones de “Cape Fear”, la de 1962 y 1991, Max Cady tiene éxito como personaje mostrándose encantador, interesante y enigmático, pese a tener un historial de atrocidades que se eclipsan con otras cualidades más superficiales. Max Cady es un psicópata según las normas y cánones de la civilización: impulsivo, irreverente, visceral, para el abogado representa todo lo que está mal, por lo que es el tipo de hombre que no debería andar suelto por ahí. Pero casualidades de la vida, ahora sí anda suelto, convirtiéndose en una amenaza para todos los valores en los que el abogado Sam Bowden cree, además de su familia.

Astuto y seductor, Max Cady le sale hasta en la sopa al abogado, sin hacerle ningún daño aparente, pero es esta incertidumbre la que lo vuelve loco, ya que es un peligro en potencia, y desconoce qué tipo de venganza llevará a cabo el ex recluso. La culpa por haberlo acusado, la certeza de que él también posee sus fallas morales, alimentan la desesperación que le causa su enemigo personal.

Max Cady es también un experto en los juegos mentales: astuto en hacerse la víctima, capaz de dar vuelta las situaciones y quedar él como el afectado, pero lo más importante, hace quedar al abogado como un paranoico, ya que todos los demás no saben por qué le turba tanto ese hombre: sus colegas, su hija, creen que se trata de sus propios delirios, y Max Cady hace quedar al abogado como el psicópata, haciéndole perder la cabeza, contratar matones para pegarle, y hacerle ver en todo momento que el que tiene el control de su vida no es él mismo, sino quien envió a la cárcel hace tiempo.

Cady es el constante recordatorio de lo que hiciste hace tiempo y te avergüenza, te amenaza sin amenazarte, solo estando cerca de ti, y pervierte el perfecto sistema judicial en el que todos creíamos. Un cuestionamiento a las reglas de la civilización, un outcast que inventó su propio código moral, muy inteligente, físicamente muy fuerte, y con vastos conocimientos académicos.  Encantador con las mujeres, es un constante recordatorio de las prácticas poco ortodoxas que llevó a cabo Bowden para prolongar su estancia entre rejas. Es como una versión maligna de Pepe Grillo, que te acusa lo mal que procediste.

“Cape Fear” deja planteada la interesante pregunta: ¿Es Max Cady un peligro para el ciudadano civilizado, o una víctima de un sistema judicial corrupto? ¿Actuó bien el abogado Bowden al esconder información para alargar la condena de Cady, dándole una manito al precario sistema judicial de puertas giratorias, o se dejó levar por principios éticos personales e injustificables? Creo que la respuesta a esta interrogante puede hallarse en el clímax de ambas versiones de la historia ¿O no?

Por Felipe Tapia, el crítico con el que te gustaría ganarte una once en un concurso.

Fuente imágenes: wikipedia.org,  cinescopia.org