¿Qué pasaría si Norman Bates tuviese un computador de última generación, con webcam, chat y cuenta en las redes sociales más importantes? Sería todo un peligro ¿Verdad? Eso es básicamente la nueva versión del clásico “Maniac”, en la que Elijah Wood, acostumbrado al rol de psicópata como Kevin en “Sin City”, ahora tiene un perfil más bajo, más encantador y de apariencia más inofensiva.

La figura arquetípica del psicópata bebe bastante de Norman Bates: un tipo solitario, reprimido, con una figura materna dominante que lo dañó psicológicamente. Podríamos encontrar subtextos de tipo patriarcal en el hecho de que las figuras paternas abusivas rara vez dan origen a un hijo psicópata o asesino. Como si la figuera materna tuviera toda la culpa en los seres humanos en los que nos convertiremos. O si fuera la ausencia del padre la que hace a un asesino, convirtiendo al padre en un elemento esencial en la educación de un niño.

Frank Zito, tanto en su versión moderna del 2012  (Elijah Wood) como la de 1980 (Joe Spinell), tiene la personalidad de un coleccionista compulsivo, que acumula trofeos de guerra que en su caso son cabelleras de mujeres, las que le pone a los maniquíes que guarda. En fin, Freud se daría un festín con este personaje.

Este maniaco tiende a ver a las mujeres como un objeto que se debe poseer, las culpa de su soledad, y como en tantos casos aquí revisados, no está en busca de un amor correspondido, sincero y desinteresado. Aunque por momentos experimente vestigios de lucidez, de querer volver al camino correcto, su naturaleza sicopática es tan pronunciada que le resulta imposible negar finalmente su naturaleza. En ese contexto, la figura de la mujer es presentada como un ente que podría en algún momento ser la salvación de esta oveja descarriada de la sociedad civilizada, pero por supuesto, no lo logra.

Este psicópata tiene una personalidad misógina, vengativa, pero a la vez sumamente idealista. Las mujeres son constantes decepciones para él y su distorsionada visión de la realidad, por lo que acaban convirtiéndose en objetos que poseer, descartables, reemplazables por su próxima víctima. Si la versión interpretada por Spinell indaga en su relación con una madre prostituta y abusiva, la versión protagonizada por Wood aporta elementos interesantes a la nueva versión: una perspectiva de primera persona y el uso de las redes sociales para conocer e identificar a las víctimas.

La primera persona nos permite ponernos en los zapatos del psicópata, convertirnos en él, al menos por un rato. Y sorpresa: no es muy distinto a la perspectiva de una persona normal. Por otra parte, la inclusión de redes sociales y chat para ejercer de manera más actualizada la psicopatía instala un tema de suma importancia ¿Qué tan peligroso es conocer a alguien por Internet? ¿Qué la webcam me indique que se trata de un tipo encachado como Wood reduce el riesgo, necesariamente?

La idea de que en Internet vas a encontrar a la persona indicada resulta bastante atractiva en un mundo donde gran parte de las relaciones personales son electrónicas, donde la tarea de conocer a una potencial pareja resulta cada vez más engorrosa y difícil, y en este contexto Frank Zito encuentra a su víctima ideal: una artista ingenua que ve en este cándido personaje un alma sensible y emotiva, y bajo toda su excentricidad y dolor piensa que subyace una buena persona.

Por eso, Zito es el resultado de un arquetipo del psicópata construido a partir de los referentes clásicos más populares. Solitario, tímido, encantador, dulce, con una madre dominante, un padre ausente, con tendencia a cosificar mujeres reduciéndolas a una sinécdoque elemental: la cabellera, pero ahora con la introducción de las nuevas tecnologías de la información y comunicación (TICs) de su lado. Cthulhu nos pille confesados.

Por Felipe Tapia, un crítico avalado por varios estudios de Internet

@Janquing

Fuente imagen: 123movies.tv y tumbaabierta.com