El 26 de junio se estrena en Chile “Transcendence”, cinta en la cual Johnny Depp interpreta a un científico llamado Will Caster, experto en el desarrollo de IA (inteligencia artificial). El Dr. Caster trabaja en la creación de una máquina revolucionaria que tendrá sentimientos y que combinará la inteligencia colectiva de todo lo que conocemos, con todo el rango de las emociones humanas. La película, al menos por los trailers que se han visto, promete ser buena. Ya les contaremos más detalles.

La IA es una tecnología que está dando que hablar en el mundo. En el cine el tema no es nuevo, por eso el genial Felipe Tapia, Juan Carlos Berner y Hugo Díaz hicieron una breve antología con algunas de las mejores películas al respecto.

Entre sicópatas y amores imposibles

© Felipe Tapia

El otro día quise comentar algo en un blog y el computador me dijo: “Demuestra que no eres un robot”. Me quedé pasmado, en serio. No sé cómo demostrar que no soy un robot. Los Terminators sangran. Wall-E tiene sentimientos. Así que de verdad no sé. Hace tiempo que las historias de ciencia ficción de máquinas inteligentes dejaron de ser sólo historias. En un mundo de teorías de cuerdas, celulares de tecnología touch y cines 4D que te tiran agua, olores y la pila de warifaifas más, la realidad ha superado con creces al ingenuo futuro de “Los Supersónicos”. La literatura y el cine nos han dado miles de historias cuyo eje temático es la manera en la que podríamos relacionarnos con las máquinas. Algunas historias como “El hombre bicentenario” (1999) o “Yo, Robot” (2004) nos hacen replantearnos el concepto de humanidad. Otras distopías como “The Matrix”(1999) y “The Terminator” (1984) nos muestran un sombrío escenario en el que las máquinas, en su infinita lógica y frialdad, llegan a la conclusión de que ya no somos sus amos, y están facultados para someternos. Las historias pueden tomar variopintas formas, tamaños y colores. Pero me gustaría detenerme en ciertas historias en particular que, a mi parecer, son interesantes y dirigen el concepto de inteligencia artificial hacia derroteros sumamente originales e interesantes:

“2001: Odisea en el espacio” (1968): Novela de Arthur C. Clarke adaptada por Kubrick que nos plantea la siguiente interrogante: Si pudiésemos crear organismos cibernéticos tan complejos y avanzados como la mente humana, estos no sólo heredarían las cualidades de sus antecesores orgánicos, sino también sus defectos. Con la complejidad, los cerebros mecánicos podrían volverse proclives a la psicopatía, la esquizofrenia, la bipolaridad y la megalomanía. Ese concepto es desarrollado a través del singular personaje de HAL, la computadora trastornada, cuyo nombre, aunque no lo crean, fue tomado astutamente de las siglas IBM. Si se fijan, cada letra del nombre HAL está ubicada un puesto antes en el alfabeto que IBM, la industria de la prehistoria de la cibernética, cuando los delirios tecnocráticos, apocalípticos y ciberpunks aún estaban en los pañales de nuestra conciencia literaria.

HER“Her” (2013): El romántico reverso del psicópata Hal. Si en la cinta de Kubrick las mentes cibernéticas alcanzan un nivel de complejidad que les permite que se les arranquen los enanos, en la película de Spike Jonze, un sistema operativo es capaz de sentir, de ser una persona interesante, incluso fascinante, con el que incluso es posible tener una relación sentimental. Esta película nuevamente indaga en el concepto de verdadera humanidad, y de la misma manera en que las generaciones pretéritas se preguntaron si era válido que dos personas de distinto color o el mismo sexo podrían quererse, nos plantea una interrogante que quizá, lleguemos a hacernos como sociedad en el futuro ¿Es moralmente aceptable y psicológicamente sano amar a un sistema operativo? El concepto de inteligencia artificial es llevado esta vez por un camino inusual y distinto demostrando que este género, lejos de estar siendo agotado, aún posee infinitas posibilidades, y que no se necesitan de complejos efectos digitales para contar una buena historia.

Inteligencia en cuerpo de robot

© Juan Carlos Berner

Después de la introducción al tema que hiciera Felipe, con la cual es imposible no verse identificado (¿quién no se ha sentido raro cuando el computador te desafía a demostrar que no eres un robot?), creo que no hay nada más que agregar e iré directo al grano. Estas son mis películas.

“The Terminator” (1984): Dicen que las grandes películas son aquellas cuyas ideas trascienden en el tiempo, o en este caso cuyas premisas son casi proféticas. En el año 1984, un joven James Cameron comenzó una de las sagas de ciencia ficción más exitosas de todos los tiempos y usó para ello un concepto revolucionario para la época, aunque cotidiano en nuestros días. Según la película, en el futuro, todas las computadoras del mundo estarán interconectadas entre sí. Algo que nosotros conocemos como Internet. En la cinta, esta red (llamada Skynet) se hace inteligente y toma el control del mundo, comenzando una guerra contra los humanos. El líder de los humanos en el futuro, John Connor, envía a un soldado al pasado, para evitar que un robot enviado por Skynet mate a su madre y evite con ello su nacimiento. O sea que aparte de la inteligencia artificial, esta película es sobre viajes en el tiempo. Otro de los aciertos de esta película fue haber puesto a Schwarzenegger en el papel del robot, un actor cuyas cualidades histriónicas eran perfectas para un rol como ese.

“Yo, robot” (2004): esta película está basada en un libro de uno de los más grandes autores de ciencia ficción de la historia: Isaac Asimov. En la cinta, protagonizada por Will Smith, se da a conocer uno de los elementos fundamentales de la literatura de Asimov, las tres leyes de la robótica, que señalan básicamente que un robot jamás puede dañar a un ser humano. Sin embargo, hay una inteligencia artificial llamada V.I.K.Y., que tergiversa estas tres leyes y somete a la humanidad a un toque de queda permanente, pues esta máquina entiende que el peor enemigo de la humanidad es el mismo ser humano, y por tanto, para protegerlo, hay que quitarle sus libertades. La película es bastante más liviana que el libro, y además cambia varias cosas de la historia, pero de todas formas es 100% recomendable.

“Inteligencia artificial” (2001): No se puede hacer un especial sobre el cine y la inteligencia artificial sin mencionar al filme que lleva por título justamente este concepto: Inteligencia artificial. La leyenda nos cuenta que originalmente esta historia iba a ser realizada por el gran Stanley Kubrick, pero que no alcanzó a hacerla, entre otras cosas porque los efectos digitales no estaban suficientemente desarrollados para llevar a la pantalla lo que el genio tenía en mente. Sin embargo el testimonio lo recibió otro maestro del cine, Steven Spielberg, quien hizo con ella una buen película, pero extraña en muchos aspectos; de alguna manera se mezclan en el resultado final el estilo de Kubrick con el del director de “E.T.”, que son notoriamente distintos. Un proyecto cinematográfico bello, tal vez un poco incomprendido, pero que de todas formas hay que ver alguna vez en la vida, especialmente por la magnífica actuación de Haley Joel Osment, la maravillosa fotografía de Janusz Kaminski y por supuesto por la tremenda música de John Williams.

La visión de Scott

© Hugo Díaz

Uno de los directores cuya filmografía incluye importantes puntos de vista respecto al tema de la IA es Ridley Scott. Al menos dos clásicos del cine de ciencia ficción que cuentan con su firma recurren a la distinción moral entre lo humano y lo artificial ejecutando el rol humano. Aunque son perspectivas pesimistas, no por ello son menos válidas. Si la IA es capaz de buscar el bien común ¿utilizará en sus juicios un criterio valórico como el que nos rige? Cuando eso no es así, la IA lucha por un falso bien común estadístico, o simplemente por sus propios intereses. Es entonces cuando la inteligencia artificial se convierte en una amenaza.

Ash, el androide

 “Alien” (1979): Si bien, la película está asociada al terror producido por un monstruo extraterrestre dentro de una nave espacial a millones de kilómetros de la tierra, no es menos cierto que el Alien no era el único monstruo en la nave. En la película, los siete pasajeros, aparentemente, luchaban por una causa común. Pero de ellos sólo seis eran humanos. Lo monstruoso en este caso se presenta en una dimensión psicológica, donde no es necesario tener apariencia animalesca, horrible o extraña. Nadie supone que el tripulante no-humano es el antagonista que lucha por la supervivencia del Alien. De hecho, nadie supone que exista un tripulante no-humano. El descubrimiento de la verdadera naturaleza del androide Ash, es representada en una escena terrorífica, exponiendo un claro y extremo ejemplo del lado oscuro de una tecnología. Ash está dispuesto a seguir las ordenes de “Madre”, la computadora a bordo de la nave “Nostromo”, aunque ello signifique sacrificar al resto de la tripulación.

“Blade Runner” (1982): ¿Los androides sueñan con ovejas eléctricas? Esa era la pregunta que Phillip K. Dick planteaba en su novela corta de 1968, en la cual un grupo de androides renegados conocidos como Nexus 6 llegan a la tierra huyendo de las colonias humanas en las que eran brutalmente sometidos. La adaptación al cine vino de la mano de Ridley Scott en el filme de culto de 1982. Precursora del ciberpunk, la película es considerada un clásico de la ciencia ficción gracias a la profundidad de sus planteamientos éticos relacionados con la inteligencia artificial. En la película, Rick Deckard, es un agente con la misión de capturar al grupo de androides, quienes aparentemente carecen de empatía y emociones. Pero ¿qué es el no querer morir sino una emoción? Es probablemente la emoción humana básica. Una posterior re-edición de la cinta sugirió un audaz vuelco temático: ¿Es posible que un androide pueda cazar a otro androide?.