Atención: Si no has visto los últimos capítulos de “The Walking Dead”, entonces no te gustará saber que Daryl muere. ¡No! ¡Mentira! ¡No muere ná! Tan vaca no soy pa’ andarte contando esas cosas. Pero ahora, en serio, si no los has visto, no sigas leyendo esto. Haz otra cosa, lee un libro, estudia, pasa tiempo con tus seres queridos. Pero no leas esto.

A diferencia de los tres anteriores, este final de temporada fue abierto y con una historia por concluir. Las expectativas en torno a Terminus se disolvieron en una trampa que dejó chica a Woodbury.

Hay que decir que fue un final espectacular, sumamente tenso y emocionante si lo comparamos con el inicio de esta temporada. El primer arco argumental de la epidemia era una apuesta interesante que no salió en el cómic y definitivamente tenía potencial, pero la duración de cinco episodios en los que no pasaba nada de nada fue excesiva e innecesaria. Con dos capítulos o, ya, máximo tres, habría bastado. Y cuando ya no podíamos más con el sopor, nos explotó en la cara el clímax que nos habían quedado debiendo de la temporada pasada, el enfrentamiento final con el Gobernador. Mucha balacera y explosiones que se esforzaban en compensar la falta de acción de los capítulos antecesores cerraron la mitad de temporada. Ahora los personajes se dispersaron y había que reunirlos. Una gran cantidad de bajas plantó la duda acerca de quiénes habrían conseguido sobrevivir a la caótica escaramuza y el mayor enigma era Judith.

Luego de historias erráticas que nada tenían que ver con el cómic, comenzó a cumplirse lo que habían prometido los realizadores: la serie iba a acercarse poco a poco a la historieta en la que está basada, y eso hemos podido confirmarlo (los que lo hemos leído, al menos). La historia de la niña psicópata que ama a los zombis; el trío de Abraham, Rosita y Eugene; los caníbales y los malosos que iban a violarse a Carl, todos son elementos tomados del cómic. Luego de matar a Lorie, Andrea y T-Dog, está claro que el recurso de matar personajes importantes no iba a funcionar siempre para mantenernos interesados.

Pero claro, no es que la serie sea un calco de la historia original. Carol y Judith continúan con vida. Sasha, Bob, Beth y Daryl siguen haciendo de las suyas, y el grupo de Joe, aunque basados en antagonistas de la historieta, aportan suficientes elementos para que esta sea una obra con un sello propio. Por ejemplo, me gusta bastante el rol de madre o hermana mayor que ha tomado Michonne respecto a Carl, relación que en el cómic no cobra tanta fuerza.

Según este humilde servidor, este capítulo final de temporada fue uno de los mejor logrados y dirigidos, alternando la historia con varios flashbacks que muestran la época más pacífica en la vida de la prisión, sugiriendo la clase de personas en quienes Rick y los otros pudiesen haberse convertido de no ser por las circunstancias: Dedicados al cultivo de alimentos y crianza de cerdos, evitando las armas, con esperanza. Todo ello contrasta violentamente con la vida que llevan en la actualidad: Individualista, dejando morir a los solitarios que son atacados por zombis, siempre a la espera de un ataque y dispuestos a transgredir cualquier norma social para sobrevivir. Rick lleva esto al extremo de tener que morder a una persona, justo como un caminante, todo para salvar a su hijo Carl de ser violado. Y otra cosa curiosa de este episodio es que los zombis casi no aparecen, Rick y los otros pasan más tiempo peleando con humanos, que son los verdaderos monstruos, que es la semilla que hace décadas plantó George Romero y que esta serie ha sabido desarrollar en profundidad.

Poco a poco la historia se fue acercando a su cierre, centrado en el paraíso prometido llamado Terminus, aparentemente habitado por caníbales. A pesar de lo bien logrado que estuvo este final, es una lástima que hayamos tenido que esperar a los últimos capítulos para que la trama se volviese interesante. Tanto la historia de la epidemia como el regreso del Gobernador fueron bastante aburridos y plagados de relleno. Probablemente, debido al éxito que ha tenido la serie, el exceso de confianza hizo que la alargaran más de lo debido, con el fin de sacarle el jugo al máximo a la franquicia antes de que alcance al cómic. Sin embargo, esta decisión pudo no haber sido tan inteligente y, si se sigue abusando de este recurso, se corre el riesgo de reducir o perder a una audiencia desmotivada y aburrida.

Humildemente creo que esta es una serie que está madurando tanto en la forma como el contenido. Capítulos pretéritos eran una oda al relleno, pero el último episodio ha lucido un buen manejo del lenguaje audiovisual, como la narración discontinua alternando presente y pasado, o utilizando recursos simbólicos como el reloj que Hershell le dio a Glenn. Uno se espera estas cosas de series como “Breaking Bad”, no de”The Walking Dead” (¡Walking Bad! ¡Ja! ¡Me tragué un tony! ¡Ríanse pos! ¿No ven que acabo de decir algo gracioso?). Sólo espero que se mantenga en esa línea y en el futuro la historia no dependa tanto de los efectos.

Para no caer en la autocomplacencia la serie ha debido reinventarse, ya que confiar demasiado en el éxito cosechado puede ser perjudicial para las temporadas venideras. Para esto, se han dejado trazadas varias interrogantes: los caníbales de Terminus; la misión de Abraham, Eugene y Rosita, que promete solucionar de raíz el problema del Apocalipsis Zombi; el paradero de Tyresse, Carol y Judith y, por supuesto, el de Beth. Me muero por ver la cara de Rick y Carl cuando vean que la bebita sobrevivió.

Honestamente, espero que los creadores de la serie mantengan esta línea de apegarse más al cómic, pero introduciendo los suficientes cambios para que no sea una copia y la historia adquiera vida propia. De ser así, lo que está por venir puede convertirse en éxito seguro: Jesus, Negan, los Salvadores y, bueno, ya no doy más spoilers. Sólo espero que no vayan a hacer más burradas como la que fue matar a Andrea y que, si la serie alcanza al cómic, no vuelvan al relleno.

Por © Felipe Tapia, el crítico que no descansó el séptimo día