“Ghost Rider”: espíritu de venganza

Johnny Blaze (Nicolas Cage) era un motocilista que fue embaucado por el diablo a quien inútilmente le vendió su alma para salvar a su padre. Posteriormente el diablo regresó, esta vez para reclutarlo y transformarlo en el Vengador Fantasma (un motociclista con el cráneo expuesto en llamas) para que lo ayudara a poner fin a la apocalíptica revolución que su hijo del averno tramaba en su contra. De eso se trataba más o menos la primera película que confieso no haber visto.

Nada de lo anterior queda muy bien explicado en la película que nos atañe. En esta secuela, Blaze está autoexiliado en un remoto lugar de Europa del Este, con la esperanza de poner fin a la maldición que lo transforma en el Vengador Fantasma, cruel y resentido que mata a quien se le cruce por delante. Pese a su ostracismo, Blaze es encontrado por Moureau (Idris Elba) un monje perteneciente a una antigua secta, quien se ofrece a ayudarlo en su exorcismo a cambio de que antes sea el protector de una madre cuyo hijo es el elegido por el demonio Roarke (Ciarán Hinds) para reencarnarse.

Basada en el cómic del antihéroe del universo de Marvel, la película es una de esas segundas partes hechas sin ninguna pretensión, salvo la de hacer dinero, que según el resultado, no me imagino pueda ser mucho.

La película está a cargo de la dupla Neveldine/Taylor responsables de Crank (2006) y Gamer (2009), o sea puñetes, patadas, balas y autos que explotan porque se les pinchó una rueda. Lo que no cuadra en esta película es el valor-producto. Porque si el presupuesto estimado de 75 palos verdes no alcanzó para renderear parte de los efectos visuales o darle algo de valor de producción a los escenarios, entonces el señor Cage (que a estas alturas, por las películas en las que está metido debería ponerle una u y una tilde en la é a su apellido) se embolsó una buena cantidad.

En otras palabras, la película se siente barata. El 3D camufla cosas pero no tantas. Los efectos visuales genéricos (explosiones, paneos increíbles, etc) están bien, pero las relacionadas con el personaje principal (el motociclista con el cráneo en llamas) lucen incompletas, como salidas de un juego de video. Por otro lado, los escenarios como desiertos, cavernas, carreteras vacías, canteras, etc, no ayudan y hacen que la película se parezca a esas que suelen ir directo al DVD.

Eso en la parte técnica. En la narrativa, la película es como de las que se reía Schwarzenegger en El último gran héroe (1993), es decir, diálogos clichés, vueltas de tuerca previsibles, personajes desechables, etc. Lo que sí llama la atención es que la película no se tome en serio y asuma su condición de prescindible, lo cual es notable. En el segundo tráiler hay una frase muy mala dicha por Blaze que hace referencia a Danny, el niño en peligro y que dice: “debemos asegurarnos de que no se convierta en el Anticristo”. Pues bien, en el contexto de la película está puesto como una especie de remate cómico que al ser demasiado fome, arruina la escena en forma descarada; sin embargo Cage hace un gesto muy extraño, como un tic, y los directores agregan un tiempo muerto en pantalla antes del final, lo que sugiere que están conscientes de que la frase es ridícula, que la escena es mala, pero que en el gran contexto de las cosas calza perfecto. Desde ese punto la película ya no hay que juzgarla, hay que tratar de disfrutarla y esperar que los buenos ganen y que el malo se queme, explote, le caiga lago encima o lo que sea.

Otra escena que raya en lo ridículo es la que asocia la maldad con la política, en la que funcionarios administrativos acuden a una secreta reunión con Roarke. La escena está tan bidimensionalmente construida, que recuerda a cuando Frank Drebin se colaba en una reunión de mandatarios al inicio de ¿Y dónde está el policía? (1988). En otras palabras, da lo mismo cómo se den las cosas, lo importante es que estén cuando se les necesite: Explosiones, balas y gente corriendo, aunque sea en el desierto.

Ahora lo bueno, porque algo de valor tiene esta producción. Para empezar la introducción de un nuevo villano, Blackout, quien descompone todo lo que toca y que le hace el peso al Vengador Fantasma, asegurando una lucha más pareja. Es muy gracioso ver como Blackout trata de comer. Todo se le descompone, menos un Twinkie (pastelito esponjoso con crema) que Dios sabe que cantidad de conservantes debe tener en la receta. Otra escena “cool” que ya fue vista en el tráiler oficial tiene que ver con el niño preguntándole a Blaze cómo lo hace el Vengador para orinar. La respuesta es obvia: se transforma en lanzallamas.

Otro aspecto pseudo positivo es que entre los actores secundarios vemos una cara conocida: Christopher Lambert como Methodius, el líder de la secta religiosa. Con un mínimo de tiempo en pantalla, nos recuerda que es un actor que aún se encuentra vivo y dispuesto a dar la cara en películas de calidad cuestionable.

Ghost Rider: espíritu de venganza, es la secuela pobre de una franquicia que tiene varios seguidores, que no son muchos, y que desde ahora van a ser menos cuando se den cuenta de que, al parecer, ni siquiera la moto del anti-héroe sigue siendo la misma.

©Por Hugo Díaz

Ghost Rider: espíritu de venganza. Ghost Rider: Spirit of Vengeance
Dirección: Mark Neveldine, Brian Taylor
Elenco: Nicolas Cage, Ciarán Hinds, Idris Elba, Violante Placido, Johnny Whitworth, Christopher Lambert
EEUU, 2011, 95 minutos, mayores de 14 años

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