El otro gran estreno es el regreso de Pedro Almodóvar con “La piel que habito”, reunión con su ex actor fetiche Antonio Banderas. La película sigue la tradición de los Mad Doctors en donde Banderas interpreta al doctor Robert Ledgard, obsesionado por reconstruir la piel de su mujer luego de sufrir un terrible accidente automovilístico. Siguiendo la tradición cinéfila de Almodóvar, su película retoma la historia de “Los ojos sin rostro” (1959) de George Franju, “Gritos en la noche” (1960) y “Miss Muerte” (1966) ambas de su compatriota Jesús Franco.

Presentada oficialmente en el Festival de Cannes 2011, en el que compitió por la Palma de Oro, “La piel que habito” es el décimo octavo largometraje de Pedro Almodóvar y vuelve a reunirlo con Antonio Banderas, después de 21 años de no filmar juntos. Banderas, que comenzó a destacarse cinematográficamente de la mano del director manchego a partir de “Laberinto de pasiones (1982), trabajó por última vez con él en “Átame” (1989).

La poco conocida “El espejo de la bruja” de Chano Urueta, también trata sobre la obsesión de un Mad Doctor

“La piel que habito”, fue definida por el director como, “un material muy distinto a todo lo anterior porque me ha pillado en pleno cambio. Me veo como una persona de mediana edad que, como no quise celebrar los cuarenta, cuando llegué a los cincuenta tuve que pasar la crisis de las dos décadas”; y es según sus propias palabras “una historia durísima de venganza con un personaje muy diabólico en cuya piel me costó meterme”.

Con la habitual mezcla de géneros que caracteriza a la producción alomodovariana, “La piel que habito” admite influencias, según sus declaraciones, de Luis Buñuel, de Alfred Hitchcock, de todo el cine de Fritz Lang, desde lo gótico al Noir, de la estética Pop del horror de la Hammer o del estilo aún más kitsch del Giallo Italiano de Darío Argento, Mario Bava, Umberto Lenzi o Lucio Fulci, así como del lirismo de Georges Franju en “Los ojos sin rostro”.

Sin embargo y aún después de evaluar todas las referencias enumeradas, Almodóvar consideró seriamente durante un buen tiempo la posibilidad de realizar “La piel que habito” como una película muda en blanco y negro, como tributo a Lang y a Murnau.

A lo largo del rodaje, que duró algo más de cuatro meses y que incluyó locaciones en Galicia, Santiago de Compostela, el Pazo de Oca en La Estrada, Madrid y Toledo, Almodóvar se remitió además a otras influencias específicas como el “Frankestein”, de James Whale, “Rebecca” y “Vertigo de Hitchcock y nuevamente de Buñuel especialmente en la primera imagen del film: un plano general de la ciudad de Toledo que sirve para situar espacio y temporalmente a la narración. El director señaló que había tratado de colocar la cámara exactamente en el mismo lugar donde, cuarenta años antes, Buñuel la había colocado para “Tristana”.

"Los ojos sin rostro" (1960) de George Franju sirve de influencia para Almodóvar