Desde un tiempo a esta parte, se ha acusado al cine chileno de sobre explotar la temática de la dictadura; se ha demostrado, a través de estadísticas, que este tema es tratado apenas en el 30% de las producciones nacionales. Y digo “apenas”, porque nos faltan muchas historias que contar, muchas más almas que conmover. El público chileno cree que ha visto demasiadas historias de dictaduras y yo, después de ver “La historia oficial”, les digo que no. Nos falta mucho. 

“La historia oficial” es una película argentina estrenada el 3 de abril de 1985, apenas 2 años después del término de la dictadura de la Junta militar, entre 1976 y 1983. Cuenta la historia de Alicia, una profesora de historia casada con Roberto, un hombre de mucho dinero que trabaja con el gobierno y los gringos.  Ambos son padres de Gaby, una adorable niña de 5 años, adoptada cuando era una bebé. Alicia es de esas personas que no se enteraban de nada y no creían las cosas que se decían que pasaban en el país; las torturas, desapariciones, los exilios forzados… hasta que una de sus mejores amigas regresa del extranjero y le cuenta por qué se tuvo que ir tan repentinamente: fue apresada, torturada y violada por el gobierno militar. Pero no es eso lo peor que le cuenta; mientras estuvo presa, vio a muchas mujeres perder sus embarazos o irse a tener las guaguas y volver sin nada, porque seguro les daban esos hijos a esas familias millonarias que no preguntan nada. Para Alicia, es un golpe durísimo de realidad… ¿cuál es el origen de Gaby? Ahí comienza entonces su viaje por saber quién es su hija, mientras descubre quién es su marido en realidad y con el temor de perder todo, todo lo que ama. 

Esta película fue la primera en ganar el Oscar a mejor película extranjera y, aún 36 años después, puedo comprender el por qué. Como decía al inicio, nuestra filmografía y la argentina comparten los mismos dolores, hay harto que sanar aún de las heridas de las dictaduras, pero en lo que gana esta película, es en que el relato es pequeño, íntimo, directo al corazón. No es una película que abarque la lucha de la sociedad por la libertad; no es la historia de un chico rebelde que muere buscando justicia; no es una historia que muestre los abusos, las torturas, nada. Es la historia de una mujer descubriendo la verdad, la de su hija, la de su familia, la de su país. Y son estas historias chiquititas las que nos conmueven más, porque ¿cómo no entender el miedo de Alicia de perder a su hija? ¿De su necesidad de descubrir qué había pasado, aun sabiendo que con eso podía perder todo? Quitarse la venda de los ojos no es fácil, entender por qué hay tanto rencor y tanta tristeza por una historia “tan vieja”, no es fácil, sobre todo cuando aparentemente, tu familia no ha sufrido ninguna pérdida forzada por nadie. Alicia es lo contrario a la sociedad chilena que decide no quitarse la venda, porque (espero) saben que al quitársela se encontrarán con un dolor del que no quieren hacerse cargo. Es un camino difícil y valiente, el de la búsqueda de la verdad. 

“La historia oficial” es una película muy simple, llena, llenísima de sentimientos, algunos horribles, otros hermosos. Siempre es mejor saber la verdad, aunque duela. Y puede ver esta bella película en Netflix, que tiene la versión restaurada del 2016. 

Por Gaby Carreño.