HOY: MI REINO POR UN BUGGY (JUNTOS SON DINAMITA): Los fin de semanas de fines de los 80`s y principios de los 90`s nunca fueron lo mismo luego de la entrada a la pantalla chica de dos leyendas vivas del cine, estoy hablando de Carlo Pedersoli y Mario Girotti… Quién? habrá dicho la mayoría de ustedes. Estoy seguro que la cosa cambia si utilizo sus nombres hollywoodenses. Bud Spencer y Terence Hill, el gordo gigante de barba y el flaco rubio de ojos azules que a puñetazos y patadas apalearon una mafia completa, y todo por un buggy que de ahora en adelante aparecerá con mayúscula por que no es cualquier Buggy.

Kid y Ben son dos tipos que se mantienen alejados de problemas y arreglan sus diferencias pacíficamente en carreras de rally o concursos de comida, hasta que la mafia se atreve a quemar el Buggy de sus sueños, ellos hasta el final tratan de razonar y van a pedirle al padrino que les devuelva lo perdido, ni más ni menos. El Capo di Tutti contrapregunta: – Y si no quiero, qué?. – Y si no, nos enfadamos! (Frase que le da su título original). Pues si yo fuera un jefe de la mafia también habría pensado: – Qué podrían hacer un camionero y un mecánico contra toda la Cossa Nostra -. Pues mala idea, porque fue como abrir la caja de Pandora, de ahí en adelante no dejaron de patear traseros hasta tener los pies hinchados.

Estos guerreros me recuerdan a los bíblicos David y Goliath pero en un universo donde conforman una dupla invencible. Bud era la más pura manifestación de la brutalidad, un Juggernaut; Terence era el cerebro, la elocuencia y la agilidad. Este filme es la cúspide de una saga que no tiene relación entre sus partes, pero eran básicamente la misma premisa. Lo único que cambiaba era el nombre, indumentaria y oficio, desde mecánicos a vaqueros, de superhéroes a policías patrulleros, lo único inamovible era su estilo para castigar a los chicos malos y un gusto exquisito por el absurdo que desafiaba cualquier formula de éxito comercial.

Alejado de los óvalos de Indianápolis, los autos último modelo y las supermodelos, el mundo que nos presentaba Marcello Fondato (Director) era los más parecido a la realidad chilena visto jamás. Cero glamour, autos viejos corriendo en el barro, parques instalados en potreros y minas rellenitas, con celulitis y visualmente incomodas.

Nuestros héroes en su Buggy

Nuestros heroes en su Buggy

En los primeros 20 minutos de película hay más choques que en todo Ronin, Matrix y The french connection juntos, a eso sumar un duelo de quien come más salchichas en medio de platos y sillas voladoras, un ensayo coral con un asesino a sueldo haciendo de las suyas, una pelea en un gimnasio donde Bud se las da de acróbata de anillos olímpicos, cada situación más inverosímil que la anterior.

La banda sonora fue obra y gracia de los hermanos Guido y Maurizio De Angelis que conformaban el dúo Oliver Onions. Letra en “italianglish” y música que le dio vida a la mayoría de las películas de estos grandes actores.

El ícono que mejor representaba a este parcito fue su particular estilo de pelea, muy lejano a lo que harían los hermanos Washosky. Bud y Terence eran espontáneos e iban directo al grano, cual pelea de bar, imponiendo como técnica predilecta el legendario y nunca bien ponderado charchetazo, o el mega combo en la mollera  que convertía a cualquier ser humano en un clavo retorcido. Las acrobacias quedaban para los golpeados que a veces volaban tres metros luego de recibir uno de los palmetazos en la oreja de Spencer que era inmune a las caricias de puño de sus rivales.

Fueron algo de quince los aportes de estos actores a la filmografía de la vida, trabajando por última vez juntos en “Y en noche buena se armó el Belén” de 1994. Ellos siguen siendo buenos amigos y se frecuentan a menudo, Bud siguió una carrera en la televisión.

Aquí les dejo una de las memorables escenas de la película:

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Por Raúl Ortega.