François Ozon lo hace otra vez y elige a los dos actores más encantadores del cine francés, Catherine Deneuve y Gérard Depardieu, en esta finísima comedia, que en su idioma original se titula “Potiche”, algo así como “florero”, “jarrón” o cualquier objeto decorativo sin mayor utilidad que servir de adorno.
Así es como ha vivido más de treinta años de matrimonio Susanne (Deneuve), que casada con el déspota Robet Pujol (Fabrice Luchine), debe soportar ser “el mejor de los electrodomésticos”, como ella misma se define en plena discusión con su marido, cuando él le aclara que ella no debe tener opinión propia.
El inicio de la película es exquisito: Catherine Deneuve de ya casi 70 años, con un buzo deportivo rojo y líneas blancas, trotando por los parques que rodean su perfecta casa y sorprendiéndose como una niña con pájaros y ardillas, cual princesa en una película Disney. Ya nos estamos riendo cuando saca su pequeña libreta y escribe otro verso para uno de sus ingenuos poemas, esos que escribimos las personas a veces, sólo porque no hay más manera de expresar tanta emoción.
Y así es como rayando en la caricatura, François Ozon construye a sus personajes femeninos, demostrando tener una especial sensibilidad para comprender que una mujer puede hacer lo que se le plazca, sin dejar de ser mujer.

En la película, la postergada Suzanne de un día para otro debe cambiar ardillas y poemas, para tomar las riendas de una justificada huelga que tiene detenida la producción en la antigua fábrica de su padre, manejada hoy por su por su marido, con varios de los abusos característicos de muchos empresarios, con el objetivo de ahorrar algunas monedas, para seguir acumulando dinero sin ninguna preocupación por sus trabajadores, es decir, sin corazón.

Liderando el sindicato, un ex dirigente comunista, encarnado por el tremendo Depardieu, representa todo lo contrario: la humanidad y el romanticismo por sobre todas las cosas, lo que viene como anillo al dedo para Suzanne, quien dará un giro absoluto a la empresa, demostrando ser completamente capaz. Al igual que un huevo se rompe el jarrón, para que aparezca la mujer que está dentro del adorno, revelándose una serie de secretos pasados, que de a poco van transformando la figura de la inocente mujer, en una experta que no pierde su feminidad ni por un segundo.

Al igual que “Gotas de agua sobre piedras calientes” y “8 mujeres”, ésta es otra adaptación de una obra de teatro y aunque la película “Mujeres al poder” está ambientada en el año 1977 (con un trabajo de decorados y vestuario obsesivamente impecable), aparecen en ella temas aún contingentes, que hablan por ejemplo de la llegada de las mujeres a los puestos de poder, ya sea a través de las empresas o la política, pues es sabido que hace ya bastantes años la historia del mundo comenzó a girar para que las mujeres hablaran por sí mismas. Lástima que para conseguirlo, tantas se hayan masculinizado en el peor sentido del término, adquiriendo formas competitivas, agresivas y hasta groseras, creyendo que en la mimetización del modelo rechazado, estaría el modo de ganar la absurda competencia.

En ésta película Suzanne hace todo lo contrario: Instala su esencia femenina sin miedo, llenando de cariño, color y alegría el lugar en que tantas personas pasarán las mayor parte de sus horas, resultando una idea demasiado buena como para no ser imitada en nuestras propias vidas.

© Por Magdalena Chacón.