El director de Día de Entrenamiento, Antoine Fuqua, nos trae una película que podría ser su secuela, mostrándonos una Nueva York que es un campo de batallas donde todos juegan a policías y ladrones, con pistolas de verdad. La historia se nutre del clásico estereotipo donde lo único que necesitas para recibir un balazo en la cara es asomar tu caracho por cualquiera de los barrios de la Gran Manzana. Imagino que al turismo no le hace ninguna gracia este tipo de películas.

La historia se compone de tres arcos argumentales, de los cuales uno está dedicado a un Ethan Hawke que podría ser la continuación de Día de Entrenamiento, si el protagonista se hubiese dejado seducir por el lado corrupto de la fuerza con el que tanto luchó en la anterior película. Aunque aquí al menos Sal (El personaje que interpreta Hawke) tiene una excusa tragable para justificar su cochambre moral: de escasos recursos y familia numerosa, con gemelos en camino y una esposa asmática, necesita urgentemente más capital para una nueva casa, y qué mejor fuente de dinero fácil que los propios traficantes que apresa a diario en su rol de policía, trabajo muy mal pagado, en el que las ganancias de los decomisos van a parar a los peces gordos de la empresa policiaca, dejando a los que arriesgan su vida en las calles chupándose el dedo. 

Otro arco argumental nos muestra a Tango, interpretado por Don Cheadle, que encarna un ex convicto y actual policía encubierto que busca transitar por el sendero de la rectitud, pero las circunstancias conspiran para que eso no pase. Si Sal (Ethan Hawke) se mueve en el área gris de la probidad a la corrupción, en este caso es al revés, pues el personaje  busca pasar de la  turbio a lo límpido. Pero claro, recurriendo al nuevo estereotipo clásico: Si Estados Unidos logró huir del fantasma de su pasado sesentero, que retrataba a los negros como analfabetos, ignorantes, bobalicones y con aspecto de mono, ahora se dedica a reforzar un estereotipo peor: negros duros, garabateros, que están todo el día cabreados y que llevan la delincuencia y mala leche en sus genes.

El tercer arco, como los dos anteriores, relata las vivencias de otro policía, Eddie, encarnado por Richard Gere, que está desencantado con la manera en que trabaja la policía, y a pocos días de su retiro, decide encarar la situación desde el pragmatismo, sin querer involucrarse mucho en los asuntos policiales, lo que le ha costado el rechazo y desprecio por parte de sus colegas. Desprovisto de todo idealismo o heroísmo, se contenta con vivir su metro cuadrado y saciar sus ansias de compañía humana con prostitutas. Por supuesto, esta manera de ver la vida lo llevará a replantearse su lugar en esta ciudad podrida, y comprobar si efectivamente él pude marcar una diferencia desde su desafortunada profesión.

Las tres historias convergen en dilemas éticos que no se resuelven sino hasta el desenlace, donde se cruzan los destinos de los tres personajes. Y hay que decir que es una historia (O historias) bien contada, con personajes bien desarrollados, buenas actuaciones y que satisfarán a cualquier fan de este género. Siempre y cuando no te moleste el exceso de balas.

Por supuesto, en una película de policías ambientada en Brooklyn nadie espera que se resuelvan los conflictos jugando al cachipún. Sin embargo, al final uno casi espera que todos reciban un balazo. Un clásico ejemplo del cliché “Espera lo inesperado”. De la misma manera que en el remake de Pesadilla se usó y abusó del recurso de Freddy apareciendo repentinamente para producir un sobresalto en el espectador o la víctima, aquí se busca lograr el mismo efecto mediante balas sorpresa que fulminan a gran parte del aciago elenco, con tanta frecuencia que ya al final uno se extraña cuando en una escena de tensión evidente (O cualquier escena) ha pasado mucho tiempo sin el correspondiente balazo de cortesía, seguido por la acostumbrada vomitada de sangre que confirma la muerte del desgraciado neoyorquino. Y claro, refuerza cierta visión caricaturesca de la ciudad de Nueva York, con sus policías buenos y malos, sus negros traficantes y armados hasta los dientes, y la ambigüedad moral tan característica. Como uno no ha pisado más allá de Argentina, solo cuenta con el cine y literatura para imaginar la vida en esos parajes, y uno no puede evitar cuestionarse estas visiones tan recurrentes y tópicas de las películas.

Sin embargo, si la balacera no representa un problema para ti, y eres aficionado a este género de policías anti crack, es una entrega recomendable, sino aceptable, con sólidas tramas acompañadas por creíbles dilemas éticos, sin llegar a convertirse en moralinas tediosas. La narrativa es fluida y en ningún momento molesta el paso de una historia a la otra. Es más, se agradece, pues no deja que el espectador retoce mucho en un hilo argumental cuando ya se le traslada a las desventuras del siguiente protagonista, todo a la velocidad y frecuencia adecuadas para contar una buena película policial. Casi como un videoclip que te mantiene interesado en el argumento todo el rato y al borde del asiento, hasta que un nuevo balazo te manda volando al suelo.

Les dejo el trailer:

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Por Felipe Tapia

Tenemos 10 entradas dobles para ver esta película, gentileza de BF distribution. Para llevártelas, sólo haz un comentario (aquí abajo) relacionado con el film. Los resultados los daremos el lunes 20 de septiembre. Suerte para todos.