Si hay algo que define a la cultura nipona es lo identitario de su producción. No importa si es una historia de robots gigantes o una película antigua de samurais, lo japonés está tan presente que no se puede ignorar. Y no solo eso, sino los elementos que definen a esa sociedad, como la importancia del deber, el honor, la amabilidad, etc. Todo eso puede verse en “Nuestra Hermana Menor”, del director Hirokazu Kore-Eda.

Sachi, Yoshino y Chika son tres hermanas que han aprendido a vivir solas, luego de que su madre se fuera cuando el padre las abandona para irse con otra mujer. Cuando el padre muere, ellas conocen a Suzu, su hermanastra, que también ha perdido a su madre, y motivadas por un sentido del deber, empatía por la situación de la adolescente, y necesidad de ser mejores padres que su madre y padre, la invitan a vivir con ella.

La película es liviana y el conflicto apenas se percibe. Una gran parte de la historia se trata de cuestiones cotidianas, mostrando a las cuatro hermanas aprendiendo a convivir, a vivir escenas de rutina como ir a clases, trabajar o comer. Muchas de las escenas parecen sacadas de un anime costumbrista. La mayoría de esos elementos identitarios están ahí: los festivales con kimonos y fuegos artificiales, los uniformes escolares de marinero, los templos, los restaurantes típicos, las normas de cortesía, etc.

“Nuestra hermana menor” o “Umimachi Diary” en el original, trata sobre el significado de vivir, crecer, perdonar a los familiares y encontrar la felicidad con una pareja. Cada una de las hermanas está aprendiendo a sobrellevar distintos tipos de relaciones, y claramente hay un deseo de suplir una figura paterna ausente, lo que las hace tener expectativas muy especiales al momento de escoger a sus novios. Cada una tiene problemas personales, pero de igual forma tratarán de ser un buen modelo para su hermana Suzu. No es un drama muy complejo, no hay una historia profunda detrás ni personajes que sean presionados hasta sacar lo mejor de ellos, más bien es un relato muy cotidiano sobre el devenir humano, algo con lo que es fácil identificarse, y es por eso que la historia funciona y no aburre.

Además, Sachi guarda algo de resentimiento con su madre por haberlas dejado a su suerte, pero también con su propio padre, pero ella y sus hermanas harán lo posible por no dejar que ese rencor afecte a su pequeña hermanita que no tiene la culpa. Este es quizá uno de los tópicos más interesantes de la película, pues invita a cuestionar el paradigma cultural algo machista de culpar a las mujeres de las infidelidades de los hombres, sugiriendo que una “rompehogares” le robó el marido y padre a esa familia. Evidentemente sabemos que la cosa no funciona así, porque ninguna mujer se roba a los maridos o padres ni destruyen familias, sino que es el hombre (Y también la mujer cuando es infiel) quien toma la decisión. Pero bueno, la familia de la película se muestra como bastante tradicional y conservadora. Asimismo, Sachi también mantiene una relación con un hombre casado, lo que la hace descubrir que ella también tiene algo de la madre a la que tanto critica, y que probablemente parte de ella invitó a vivir a Suzu para demostrarse a sí misma y los demás que es mejor persona que su mamá.

“Nuestra Hermana Menor” es una historia livianita sobre la cotidianeidad familiar, sobre el aprendizaje para ser una persona íntegra y la búsqueda de la felicidad, no como algo sublime y complejo, sino más bien como el disfrutar de las pequeñas cosas de la vida. No es ni por asomo una obra maestra, sino una historia sencilla y sin pretensiones. Además, es un retrato de la cultura tradicional japonesa, sus principios más elementales y modos de vida, tanto así que en ocasiones es como ver un live action de un anime de Studio Ghibli. Recomendable para todos quienes gusten de esta cultura, o para los que tengan ganas de un drama familiar sencillo y fresco, sin tragedias ni sufrimiento exacerbado.

Por Felipe Tapia, el crítico en edad de merecer