Soy psicóloga, trabajo desde hace más de 30 años, con personas tristes, apesadumbradas, enojadas y más de alguna furiosa.  También, hago clases, a jóvenes con ganas de saber más sobre las emociones y como se expresan. He trabajado mucho, aprendido mucho y entendido mucho. Pero la expresión sana de las emociones sigue siendo  la gran pregunta de la humanidad.

Nuestras emociones son complejas y además  nos cuesta contactarnos con ellas y nos es más difícil aún comunicarlas o compartirlas. Nos hemos encargado, además de construir una cultura altamente restrictiva en cuanto a la expresión emocional, diseñando patrones de conducta en relación a “lo aceptable” o “lo esperado” para cada uno de nosotros.

Según la mayoría de los teóricos modernos que surgen de la fenomenología y de las teorías humanistas, las emociones constituyen parte de la esencia del ser. La fuerza de la emoción invade toda la existencia, la trastoca, la descoloca, la transforma e incluso la altera. La emoción puede hacer que una persona  actúe de manera ilógica, irracional, inesperada e incluso en contra de valores y creencias profundamente arraigadas.

Si algo es claro,  es que no podemos evitar sentir.

De eso, tan profundamente humano, se trata “Relatos Salvajes” de Damián Szifrón.

Es una película  de humor negro, renegrido. En donde te ríes a carcajadas y no puedes evitar la culpa de estar riendo.

Te toma por sorpresa, su primer relato va desarrollándose con delicadeza hasta que se convierte en una venganza demencial. Un pequeño aperitivo para las carcajadas culposas que vendrán.

La segunda historia, es un thriller negro con un “villano” a todas luces odiable. La venganza aparece como una luz de justicia en un personaje, que no tiene nada que perder.  Esa cocinera memorable lleva a la práctica una fantasía recurrente de muchos de nosotros.  (Buenos, normales y civilizados).

La tercera es de una escalada de brutalidad masculina. Competencia pura. Se desata un duelo absurdo desde un conflicto menor y se convierte en un duelo de cowboys, a través de un “perder la cabeza” de ira….  Y si, tal vez el policía tiene toda la razón. … “Fue un crimen pasional”

La 4ª historia, del ingeniero “bombita”  te provoca un  gran nivel de empatía, gracias a lo mucho que nos gusta y nos convence Darín.  Además nos refleja, plenamente. Nos identifica en esa lucha diaria contra la burocracia y el poder institucional. La rabia frente al “vuelva mañana”,” vaya al piso 25”, “el doctor se acaba de ir”, etc, etc.

Esta historia es otra de nuestras fantasías recurrentes.  No nos queda más que empatizar con la ficción  y reír a carcajadas.

La 5º historia,  nos mete de lleno en el mundo del poder, la política y la corrupción, como una solución natural y lógica. Todo puede solucionarse si tenemos dinero suficiente y un chivo expiatorio a quien manejar. Negociación brutal, dentro de un contexto absolutamente civilizado.

La historia final, es barroca, atiborrada, colorinche y  exquisitamente Almodovariana.  Una compuesta celebración de una boda, se va al carajo por el descubrimiento de una infidelidad previa.  El tono delirante  y ascendente de esta tragicomedia te conduce por los pasillos de la apariencia y las convenciones con el desparpajo de la histeria desatada.

Una película para reír a gritos, sin poder evitar sentirte culpable, por no ser políticamente correctos y en el fondo quienes creíamos que éramos.

Solo seres humanos desbordados de ira.

 © Sara Ahumada G

En Twitter: @saritahu