Si algo nos ha demostrado la era en que vivimos, es que sí es importante la participación ciudadana, y que hay mucho que perder en una mala elección política. Lejanos han quedado los días de “No estar ni ahí”. Y no me refiero solo al contexto chileno. Hace unos años Estados Unidos se unió para echar a uno de los presidentes más nefastos y promotores de la guerra que han tenido, para colocar en su lugar a un tipo más tratable, aunque repleto de muchos de los vicios del demagogo promedio. El sistema electoral de los gringos es similar al binominal de nosotros, y los contendores son la mayoría de los casos los republicanos (Conservadores), demócratas (templaditos) e independientes. “Secretos de Estado” (Traducción de “Ides from march”) busca retratar el mundo de las campañas presidenciales, mostrando a un eficiente equipo tratando de llevar a buen término la carrera presidencial del gobernador, encarnado por George Clooney, quien también dirige esta película.

El equipo busca colocar en el gabinete a un tipo que no es el ideal, pero sí es decente, honesto y una alternativa mejor a los republicanos. Y por primera vez en mucho tiempo, los demócratas tienen a un candidato con el carisma suficiente para competir con los elefantes. Sin embargo, no contaban con que el mundo de la política se describe como un berenjenal de compadrazgos, jugarretas, traiciones, favores, tráfico de influencias y puñaladas por la espalda que desinflará al más idealista y escandalizaría a los protagonistas de “Dinastía”. Clooney no es sino otro más que promete y promete, y como dicen en algún momento de la historia: “Es un buen tipo, todos los políticos son buenos tipos, hasta que te decepcionan”.

Sin embargo, y algo que se agradece, el protagonismo de Clooney es de bajo perfil, no aparece todo el rato como sus anteriores actuaciones, y el protagonismo recae en Ryan Gosling, parte del equipo y que deberá taparle las yayitas a su jefe para luego encontrarse con que los ideales que él defiende están enlodados por la cochambre de la corrupción y los escándalos sexuales. Ryan, cual Hamlet demócrata, se verá enfrascado en un dilema de “Ser o no Ser”, enfrentado a la disyuntiva de actuar honestamente aunque pierda todo, o jugar sucio y lograr algo en su carrera profesional.

Otro tema interesante que toca la película es el de cuán válido o inteligente es mantenerte firme a tus convicciones sin caer en dogmatismos ilusos. El gobernador que encarna Clooney ha sentenciado que no quiere usar la alianza política como estrategia electoral, pero los personajes se dan cuenta que de esa forma no hay esperanza de ganar, y ante el riesgo de perder la oportunidad de colocar a un tipo decente en los altos mandos, deciden poner los pies en la tierra, entrar a un área gris en un mundo de blanco y negro, y pensar en un bien mayor justificado por medios cuestionables.

A mi juicio la película es un retrato realista, aunque no exacto, de la política actual. Se la describe como un mundo totalmente poco idealista pero en el que aún hay tipos decentes. Sin embargo, una de las escenas más dramáticas es cuando se hace ver la traición como algo natural, algo que forma parte de este mundo y no hay por qué enojarse, así funciona la cosa. Los personajes que se traicionan unos a otros no parecen sentir ningún rencor por el tipo que los vendió. Acá, nadie tiene amigos.

Lo que pudo haber sido una sosa historia de política, se convierte en un drama de enredos, conspiraciones con la política como escenario pero no trama, y si bien al principio es algo lenta, es por el formato, quizá al hacer esta clase de historias con más diálogos que acción se debería optar por otro tipo de recursos,  como el que utilizan las series de abogados y médicos, que hacen que sus personajes caminen por los pasillos para no tener todo el capítulo a un grupo de personajes conversando en una sala.

La película es interesante, nada del otro mundo pero sí la recomiendo a todo aquel que busque una película acorde a los tiempos que estamos viviendo, urgentes por una mirada más crítica a la política, sin por ello caer en lo panfletario.

©Por Felipe Tapia, el crítico que hace suspirar a las muchachitas.