El año pasado, mientras se vivía la crisis mundial, “South Park” sacó un Especial de Pandemia. Este año, el especial recién estrenado es sobre la vacunación. La serie siempre se ha caracterizado por su humor virulento respecto a toda clase de temas, lo que puede herir ciertas susceptibilidades. Por tanto, en plena pandemia, nos preguntamos, ¿es aceptable hacer esta clase de humor?

El episodio narra como las personas hacen lo posible por vacunarse, pese a que no forman parte de la población de riesgo. Al mismo tiempo, un grupo de fanáticos antivacunas intentará probar que la vacuna instala un chip en las personas para controlar su mente. El centro de vacunación es mostrado como una discoteque de elite a la que solo se le permite entrar a un grupo selecto. Stan, Kyle y Cartman comienzan a darse cuenta de que durante el último año sus lazos de amistad han comenzado a debilitarse, pero deciden permanecer juntos solo para no herir a Kenny, en una extraña metáfora en la que los tres primeros son un matrimonio y el pequeño del abrigo es su hijo.

Bromear respecto al Covid19 es, sin duda, un humor negro en base a uno de los acontecimientos más trágicos de la era contemporánea, que se ha cobrado la vida y la salud de mucha gente, ocasionado crisis económicas y expuesto toda clase de falencias en nuestros sistemas políticos. ¿Debe permitirse esta clase de humor o hay que suavizarlo en función de las demandas de las nuevas audiencias?

Un concepto de tantos que pululan por Internet es el de “Generación de Cristal”. Básicamente, es el que usan las personas de cierta edad para referirse a una supuesta generación que se ofende por todo y que busca que los contenidos televisivos solo entreguen valores y no promuevan conductas moralmente inaceptables. La lista de cancelados abarca desde Aristóteles hasta Pepe Le Puff. Cualquier personaje, ficticio o no, que no encaje en los valores morales conservadores, puede ser objeto de funa. No obstante, aprovechándome del recién estrenado episodio de “South Park”, me atrevería a decir que no existe tal cosa como una “Generación de Cristal”.

En primer lugar, porque el supuesto comportamiento de esta generación no es cosa de ahora. Siempre ha existido. Antaño se cuestionaba al rock por promover el satanismo, a Batman y Robin por fomentar la homosexualidad y a los videojuegos por incitar a la violencia. Lo que se hace ahora no es muy distinto. Los ultraconservadores no son cosa de ahora, han existido siempre.

En segundo lugar, no es toda una generación la que se manifiesta. Se trata tan solo de un pequeño grupo que mete mucho ruido por Internet. Esa es la gran diferencia. Antes no contaban con el megáfono de las redes sociales. La mayoría de los jóvenes creció viendo programas como “Padre de Familia” o “South Park” y entiende que Eric Cartman, Peter Griffin, Norman Bates, Walter White o Macbeth no constituyen modelos de conducta. Es tan solo una muestra no representativa la que piensa que el arte es un manual de conducta. ¿Por qué se les da tanta bola?

Los medios tienen su parte de culpa en esto. Cuando una de estas personas rasga vestiduras porque la letra de una canción o la trama de una película no entrega valores morales, les dan la suficiente pantalla como para dar la impresión de que se trata de un gran número de gente. Y no es así. Y claro, desde cada vereda los grupos etarios se gritan unos a otros echándose la culpa por nimiedades. Pero, a fin de cuentas, la verdad es que no existe algo tan simplón como una generación mala o buena. Las viejas generaciones siempre tienden a ver a la nueva como inferior, peor preparada o con menos calle. Las nuevas generaciones verán a las que les precedieron como obsoletas, culpables de todo lo que les pasa y, por supuesto, moralmente inferiores. Ambos están equivocados. Y, además, este conflicto no es nuevo. Siempre ha sido así. Pregúntenles qué edad tienen a los que arengaban que no hay que confiar en nadie más de treinta años. Deben ir ya por sus setenta. Lo cierto es que cada quien tiende a creer que le tocó nacer en la generación correcta, de la misma forma en que alguien piensa que le tocó nacer en el país correcto. El enemigo es siempre el otro.

Ambos están mal. Los que se indignan por los contenidos de las series y películas y los que lloran por la existencia de los primeros. Los dos grupos alimentan e intensifican un fenómeno minúsculo y se arrogan la razón a ellos y toda su generación. Odiar a una generación distinta a la tuya es tan estúpido como odiar a un país, etnia o grupo social distintos a los tuyos.

Pero, volviendo a la cuestión inicial, ¿es válido que programas como “South Park” hagan humor con un tema tan sensible como los muertos por Covid19, el orden para vacunarse o el distanciamiento social? Me parece que sí. El humor no valida una conducta, sino que la cuestiona. Así siempre lo ha hecho el género de la comedia desde la época de Aristófanes. Un personaje machista solo visibiliza y exagera los defectos de una persona con ese pensamiento y características. “South Park” solo se está burlando del egoísmo de las personas al no querer esperar su turno para vacunarse, de la ignorancia de los antivacunas, o qué tanto pueden exponerse los defectos de la gente al estar en una situación de presión como el confinamiento. Si alguien cree que los creadores de esta serie están a favor de las mencionadas conductas, es que carece de la capacidad para diferenciar la ficción de la realidad.

En este punto me voy a permitir una pequeña falacia para ilustrar mi punto, recurriendo a mi experiencia personal. Soy profesor. En el especial de vacunación de “South Park”, una profesora muere esperando la vacuna, la que no se le dio a su debido tiempo por no ser población de riesgo. También se le muestra que va a clases arriesgando su vida para cumplir con sus obligaciones. Uno podría pensar que yo debería indignarme con esa clase de humor, vigente desde hace décadas. No obstante, entiendo a la perfección que no se están burlando de los profesores y la situación riesgosa a la que se someten al hacer clases presenciales, sino que se está exponiendo el fenómeno, valiéndose del humor negro para retratar la oscura realidad sin matices ni eufemismos.

El arte debe provocarnos emociones. No todas estas emociones deben estar asociadas a la comodidad. A veces debe incomodar, sacarnos de la zona de confort. Nadie recuerda los descafeinados episodios actuales de los Simpsons. Pero todos recordamos el episodio de la Venus de Jalea, que se vale de un tema controversial como el acoso sexual para tratar la idea de que hay que ser crítico respecto a lo que nos dicen los medios, y cómo odiamos y amamos a quienes nos dicen que odiemos y amemos. ¿Se imaginan que suavizaran ese capítulo, sustituyéndolo por un tema menos controversial? No sería lo mismo. “South Park” se ha metido con todo: pedofilia, cienciología, redes de prostitución, olimpiadas de discapacitados, abortos, relaciones entre profesoras y menores de edad, libre albedrío, el hambre en África, adopción homoparental, denuncias falsas por acoso, eutanasia, islam, Pokemon, todo para propiciar un cuestionamiento sobre aquellos temas. Negarlos en pos de la comodidad implica negarnos la posibilidad de debatir sobre ellos, anular nuestro pensamiento crítico. El capítulo de NAMBLA en el que un pedófilo dice que no hay nada de malo en amar a un niño y que criminalizarlos equivale a discriminar a un homosexual, está exponiendo la manera de pensar de esas personas. En ningún momento sugiere que debamos reconsiderar nuestra mirada respecto a la pederastia.

El humor es indicio de inteligencia. Indignarse por el chiste del mexicano que dice “voy a correr, mano” porque normaliza los agarrones es no entender la diferencia entre real y ficción. El humor negro es una válvula de escape que nos permite abordar temas que obviamente no se pueden abordar en serio. Por eso hay chistes de caníbales y de suicidas. Nos permiten encarar la oscuridad y convivir con esta, en lugar de volvernos vulnerables. Por eso es que “South Park” sigue emitiéndose desde los años noventa y el humor blanco, ese que no se arriesga y les da a los consumidores lo que esperan, rara vez se mantiene, porque sus posibilidades de hacer un real cuestionamiento son escasas. El Especial de Vacunación de “South Park” hace eso. Lo peor que le puede pasar al humor es tratar de complacer a su audiencia tipo.

Pero no tienen que estar de acuerdo conmigo ni creerme nada. Aquí puede juzgar usted mismo el episodio en cuestión:

https://drive.google.com/file/d/1b1sUknPJL6RhscSASaG_Gr-7_g4ykSXL/view

Por Felipe Tapia, ejerciendo el distanciamiento social incluso años antes de la pandemia.