La industria se ha convertido en la nueva estaca o agua bendita que ha terminado por matar a los vampiros, convirtiéndolos en estereotipos emos, reciclados y unidimensionales, que sorprenden poco y nada, y que, en el mejor de los casos, asustan por lo malo de los argumentos (¿Escuché Buffy o Crepúsculo por ahí?).

Dicen que algunos personajes, como el detective o el héroe, suelen ser figuras típicas y reconocibles por la cultura popular, porque el espectador busca encontrarse con un viejo amigo, a quien ya conoce de antes. Con los vampiros ocurre otro tanto. Cuesta mucho escribir una historia de vampiros sin distanciarse de los tópicos recurrentes, como la vida eterna, la desconexión con los mortales comunes, las estacas, luz solar, etc. Entre tanto vampiro adolescente y rubio que más parece un híbrido entre Drácula y un personaje de High School Musical, Bakjwi  o Thirst (Sed) es una película de vampiros que atrae por dos motivos: Primero, se parece lo bastante a las películas habituales de vampiros. Segundo, no se parece lo bastante a las películas habituales de vampiros. La película del director coreano Chan-wook Park (Oldboy, Sympathy for Lady y Mr Vengeance), encuentra esa zona intermedia que recoge suficientes patrones de películas vampirescas que la acercan al mito, pero a la vez, agrega elementos nuevos e inusuales, creando una distancia considerable, convirtiéndola en una película diferente sobre este género.

El sacerdote Sang-hyun padece de una vocación infinita para ayudar al que sufre, lo que lo empuja a participar en una misión en África, para atender a los enfermos de una epidemia incurable que castiga la zona. Ofrece servicios de tipo religioso, como la confesión. Su devoción por el prójimo es retribuida contagiándole dicha enfermedad, y los presagios son desalentadores. Milagrosamente, Sang-Hyun logra convertirse en el único que ha sobrevivido a la mortal enfermedad, que lo viste de inmediato de una reputación de curandero milagroso. No tarda en darse cuenta de que la causa de su salvación fue que se le hizo una transfusión de sangre de un vampiro anónimo, que, junto con rescatarlo de la muerte, lo obliga a tener que alimentarse de la sangre de los enfermos –vía transfusión clandestina, cosa inusual en un vampiro- del hospital donde trabaja, para seguir con vida.

Al problema ético de tener que beber sangre de inocentes para no morir, se le agrega la relación adúltera que forja con la esposa de un amigo suyo de la infancia, que pone en tela de juicio su vocación religiosa, y además lo hace cómplice de asesinato. Además, el amor de su vida resulta no tener una conciencia y respeto por la vida humana, como él sí tiene.

El temor a la luz solar, los dilemas morales y religiosos, los asaltos de remordimiento, el ocultar su verdadera entidad, y reclutamiento de nuevos vampiros, son moneda corriente del género, y esta historia no es la excepción. Pero el ángulo es notoriamente distinto, el rimo es envolvente, los personajes son interesantes, y las actuaciones muy bien llevadas. Además, el sello de  truculencia del director, visto en sus entregas anteriores, se presenta a cada momento, y la mirada inusual del popular y sobreexpuesto tema nos regala algo que se creía extinto a manos de un vengativo cazador: Una película de vampiros que de verdad asusta, horroriza y conmueve (Y me refiero a conmover de verdad).

El DVD lo pueden encontrar para arriendo y venta en algunos locales del sector del Paseo Las Palmas.

Aquí les dejo el trailer (en inglés):

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Por Felipe Tapia