Becca Crane (Jenn Proske) es una aproblemada adolescente que llega a vivir con su Padre en un pueblo en el norte de Estados Unidos, que al parecer se encuentra atestado de vampiros. Aunque lentamente consigue adaptarse a su nuevo entorno, Becca comienza a sentirse dividida entre el amor que surge entre ella y Edward Sullen (Matt Lanter), un apuesto y sofisticado vampiro, y su amistad con Jacob White (Christopher Riggi), un supuesto hombre-lobo.

Dirigida por los ya conocidos “dos-de-los-seis-escritores-de-Scary-Movie”, Jason Friedberg y Aaron Seltzer, Una loca película de vampiros es una parodia de las películas de la saga Crepúsculo, adaptadas a su vez de las novelas de vampiros de la escritora estadounidense Stephenie Meyer. Su título en inglés es un juego de palabras entre “Vampiros chupan” (literal) y “Vampiros apestan” (el modismo yanki)

Vayamos al grano. Una loca película de vampiros no funciona bien como comedia, (y aquí viene un gran “pero”) PERO si funciona como película a diferencia de las anteriores Un desastre de película, Casi 300 o Una loca película épica. Es más, como parodia, casi funciona y eso da una rabia enorme, porque en verdad consigue lo que sus antecesoras no podían hacer: sacarnos un par de sinceras carcajadas entre tanto absurdo.

¿Por qué no lo logra a plenitud? Por las mismas estupideces por las que ambos guionistas-directores estropearon sus parodias previas: torpes recursos de comedia física o escatológica donde no corresponde. ¿Y por qué eso en vez de indiferencia da rabia? Porque no son tantos los errores y un poco de limpieza por aquí y por allá hubieran conseguido que la película destacara entre la colección de bodrios de estos directores, brindando una luz de esperanza a su imperfecta filmografía.

Lo que esta dupla de realizadores no asimila del todo, es que la comedia surge del personaje, no de las situaciones, e insisten en llenar de ripio escenas que empiezan bien, pero que requieren de cierta sutileza en un principio y un remate cómico para cerrar. Hay chistes que funcionan muy bien como breves líneas de diálogo y situaciones diseñadas en base a la exageración del material original, pero se insiste en el absurdo fácil y fuera de contexto que no sólo resulta fome sino también distrae.

El hacer una parodia que sobreviva dignamente el material original es en este caso algo más difícil de lo que parece, ya que los filmes en los cuales se basa son en si mismos un poco risibles. Por un lado, lo bueno de esta película (o mejor dicho afortunado, ya que no sabemos si fue a propósito o un simple chiripazo) es que refleja una convención implícita de que, para hacer reír, no se deben pasar por alto esas debilidades originales de forma, como los tics de la protagonista o el forzado sex-appeal de un ambiguo Jacob. Por otro lado, La versión fílmica de la saga Crepúsculo es un melodrama con puntos de giro que obligan a seguirla como patrón si se quiere contar algo con forma de historia (protagonista-antagonista) y menos mal que los directores optaron por cambiar la usual fórmula de ensalada rusa improvisada y le dieron algo de formalidad a la narrativa, siguiendo este patrón forzado aunque fuera sólo a un nivel muy superficial. Ese detallito evitó de plano que esta pobre película no se haya ido directamente al tarro de la basura y pueda tener una oportunidad en el público que aprecie este tipo de entretenimiento.

Eso es suficiente para darle una mínima defensa y rescatar lo positivo de esta producción. También se podría destacar el hecho de lograr condensar en poco tiempo la esencia de lo que en realidad son tres películas, pero eso también lo consiguen con bastante más éxito series animadas para la TV, como Padre de Familia o Los Simpsons.

Como todo en esta película es casi,  debo agregar que el casting está casi bien. Hay actores pésimos, pero quizás no lo son y sufren sólo de una mala dirección. Lo importante es que Jenn Proske, la protagónica, se transforma en una especie de Kramer que capta todo el cantinfleo emocional de la “Bella” de Kristen Stewart y aunque no tiene el carisma de Anna Faris, de verdad resulta agradable de ver.

Friedberg y Seltzer apelan a echar en un mismo saco toda la parafernalia del público pre-adolescente actual y así poder tener un abanico más amplio de referentes del cual hacer mofa. Lamentablemente, eso es como apostar a perdedor, ya que no sólo se mal aprovecha el mar de posibilidades que las películas de vampiros ofrecen (Mel Brooks podría dictar una cátedra), sino también porque el mercado se estrecha. El pie forzado requiere no sólo de un público que reconozca el mundo de Stephenie Meyer, sino también que esté dispuesto a burlarse de él y todos sabemos que, en este caso, puede existir una contradicción enorme. Una chica dispuesta a defender a muerte a Taylor Lautner y en el camino acuchillar a una seguidora de Robert Pattinson, como sugiere esta película, puede que no diste mucho de la realidad.

Dirección y guión: Jason Friedberg, Aaron Seltzer

Elenco: Jenn Proske, Matt Lanter, Christopher Riggi, Diedrich Bader, Ken Jeong

Fox, 82 minutos, todo espectador.

Por Hugo Díaz.