“X-men first class” es la esperada quinta entrega de la saga X-Men, que probablemente dejará contentos a los que se quedaron un poco decepcionados con la anterior película, (X- men: orígenes), donde la trama se centraba en la historia de Wolverine.

Habiendo pasado ya 11 años desde la primera parte, dirigida por Bryan Singer (quien también dirigió la segunda, y la no tan exitosa e incomprendida “Superman Returns”), esta vez la dirección de X-men cae en manos de  Matthew Vaughn (“Kick-Ass”), un director con un currículum bien corto pero interesante (tiene sólo 4 películas como director). Vaughn, logra superar varios desafíos importantes, el primero de ellos, re encantar al público con estos personajes, y más encima teniendo la responsabilidad de narrar la historia de los dos grandes protagonistas de la saga, el Profesor X y Magneto, esta vez sin contar con dos tremendos actores como son Sir Ian Mckellen y Patrick Stewart, un actor que probablemente nació para personificar Charles Xavier. En todo caso Vaughn no estuvo sólo, ya que Synger vuelve a participar en este filme, como productor y escritor. Y su mano se nota, para bien: “X men first class” es nuevamente una cinta donde los efectos especiales no son lo más importante, sino los conflictos personales de cada personaje. No debemos olvidar que Bryan Singer es uno de los cerebros detrás de la exitosa serie “Dr House”, un programa que se caracteriza por la complejidad de los rollos psicológicos de sus protagonistas. En “X-3”por ejemplo, se llegó a un extraordinario nivel de producción y de efectos, pero ahí mueren no uno, tres de los personajes más importantes y queridos (Jean Grey, Cyclope y el mismo Profesor X), y parece que da lo mismo. “X-3”es una película con poca humanidad. 

En este filme además trabaja detrás de cámara Alexander Witt, uno de los pocos chilenos que ha logrado el éxito en Hollywood (chileno de verdad, ya que se fue de aquí siendo adulto) y quien es probablemente el mejor director de segunda unidad de Estados unidos, responsable de las escenas de acción de “Gladiador” y “Máxima velocidad” por mencionar sólo un par. En “X-men first class” es además el director de fotografía.

Respecto de las actuaciones y de los personajes principales, una de las cosas que más nos tenía preocupados a los fans de los súper héroes (si, soy uno de ellos) era que tan bien James McAvoy y el alemán Michael Fassbender podían representar a Xavier y Eric, respectivamente. Afortunadamente ambos logran una interpretación impecable, transmitiendo al espectador la esencia de cada uno: Charles Xavier es un joven inteligente, entusiasta y que ya de muestras de ser un excelente mentor. Tal vez la novedad es que aquí además tiene algunos dotes de seductor, algo que no se había visto en las películas anteriores. Por su parte, Eric Lensherr (Magneto para los amigos) se ve como un hombre maduro, apasionado, y por sobretodo muy coherente entre su pensamiento y su acción. Es importante recordar que Magneto no es realmente un hombre malo, sino más bien un ser herido, rechazado y utilizado durante gran parte de su vida, poseedor de un gran poder, una inteligencia sobre el promedio, y con grandes dotes de líder. Sin duda uno de los personajes nacidos del comic más atractivos de analizar.

El malo de turno a su vez, Sebastián Shaw, es interpretado aquí literalmente “con mucha elegancia” por Kevin Bacon, actor de larga trayectoria y que tiene gran experiencia haciendo este tipo de roles (les recomiendo en particular verlo en “El hombre sin sombra”). Shaw es secundado por Emma Frost (la bella, aunque un poco flaca, January Jones de “Mad men”) personaje que hacía falta que se incluyera en la saga y que aquí es un gran aporte, a diferencia del personaje de Riptide, que da lo mismo si no está.

Tal vez, el único punto flaco de la película, es que mete en tan solo 132 minutos (que se pasan volando) una historia de amistad que bien podría haber dado para dos o tres películas. Podría perfectamente haberse hecho “X men first class” parte 1 y 2, al estilo “Kill Bill” o “Harry Potter”, y lo más probable es que los fans, y los no tanto también, se queden con gusto a poco al salir del cine. Al menos a mi me pasó.

Por Juan Carlos Berner.