Santiago de Chile, mayo del 2020. El director chileno Fernando Lasalvia, en medio de la pandemia del Coronavirus o Covid-19 que azotó al planeta entero, decide realizar una especie de experimento social: arrendará una pieza en la comuna de Santiago Centro por un mes, y durante ese periodo solo vivirá con la caja de mercadería que entregó en forma gratuita el Gobierno del presidente Sebastián Piñera, y con 65.000 pesos chilenos otorgados como “bono de emergencia” ofrecidos por el mismo Gobierno. Ataviado solo con su cámara y los implementos mínimos para vivir, comienza a registrar sus días de esta nueva realidad, así como también opiniones al paso de gente que vive por el sector y también de comunas aledañas.

La elección de la comuna no es al azar. Santiago Centro es lo que se pude denominar el límite de clases, comuna que marca sutil pero implacablemente el borde entre el facho y el comunista, el cuico y el flaite, el de derecha y el de izquierda, el rico y el pobre.

Por lo que las personas que Fernando va entrevistando en la calle es gente de clase media y pobre, gente que tiene muchísimas necesidades: el haitiano que reconoce que es discriminado y que no tiene ayuda alguna del Gobierno, la señora que no entiende como el presidente no conoce ese lado de la pobreza, el chofer de micro y el vendedor ambulante. Todo en contraposición a la visión de Roberto Fantuzzi, a quien Fernando pone frente a la cámara expresamente para graficar, sin ningún tipo de dudas, la burbuja social en la que vive la parte más aristocrática de la sociedad.

Lo que Fernando desea transmitir, y quizás se encontró con la idea en la calle y ni siquiera él lo había visto de esa manera, es que el término correcto del “distanciamiento social” que tanto se ha pedido a la población en cuanto medio de comunicación existe, llevado a la realidad nacional debería llamarse “distanciamiento físico”, ya que la “distancia social” existe desde hace muchas décadas atrás.

Y ese es el reclamo, la ira y la frustración de los entrevistados, que reconocen que nadie les ha entregado caja de mercadería, o que, siendo pobres, no calificaban para la obtención del “bono de emergencia”. Y las imágenes se suceden una a una mostrando ese Santiago ciego para algunos pero que es una vida entera -y la única que conocen- para otros.

El plan de Fernando de vivir todo un mes en la pieza arrendada, extrañamente se diluye durante el relato. La película, así, se transforma más en un docureality que en una película en sí misma. Algunas secuencias acerca de lo que come, otros problemas domésticos, la medición del tamaño de su abdomen, y ya perdimos el seguimiento de saber si la mercadería y el dinero alcanzaron para vivir todo ese mes.

El largometraje se apoya en algunos rostros que hacen de soporte estable, como es el caso de la periodista Alejandra Matus y el ya mencionado Roberto Fantuzzi, entre otros.

“Distancia Social” muestra una realidad que ocurre en el corazón de Santiago, en donde la ira contra el Gobierno y las fuerzas policiales de Carabineros son latentes, reales, la sensación de injusticia e imparcialidad están a flor de piel. La cámara (o el teléfono, en rigor) de Fernando, no es tan aguda como pudo haber sido, pero sí logra captar a las personas que viven en el sector sin más maquillaje que sus propias palabras y vivencias. Suficiente para una situación que, para muchos, ya es bastante conocida.

Escrito por ©Daniel Bernal

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