Yorman es un joven colombiano que llegó a vivir al norte de Chile, más precisamente a la ciudad de Antofagasta. Habita en una “toma”, hacia los cerros, en una zona árida de la ciudad, con todas las precariedades e incomodidades que eso conlleva. Vive con su abuela Carmenza, también colombiana, quien como tanta mujer esforzada tiene que hacer malabares para que el dinero que logra ganar siendo asesora del hogar, le alcance para el día a día y alguno que otro capricho de su nieto.

La vida de Yorman transcurre entre el colegio, su polola, su abuela y lo que más le gusta: el fútbol. Es así, como valiéndose de sus habilidades innatas para este deporte, logra quedar en las inferiores del Club de Deportes Antofagasta.

Pero la vida está lejos de ser feliz, menos estando lejos de su tierra natal y teniendo un círculo de apoyo tan limitado en tierras lejanas. Su verdadera madre, a quien no quiere ver, sufre una grave enfermedad en Colombia, y su abuela Carmenza tiene un traspié en su trabajo. Yorman ya está grande, tiene una madurez que no es normal para un joven de su edad, y con mucha lucidez va a decidir qué hacer con su vida.

Este es un relato bastante realista de cómo viven aquellas personas que llegan en forma ilegal a Chile. Y hay un poco de crudeza en ello que se refleja en lo duro que es el ver como se desenvuelven, los recursos disponibles, la calidad de vida y aquello con lo que deben lidiar día a día.

Existe un personaje en el relato que es absolutamente detestable, y que lamentablemente sabemos, como sociedad, que no es una caricatura o una ocurrencia del director. Estos personajes existen, son parte de la lacra de una comunidad y que muchas veces quedan impunes ante sus sinvergüenzuras. El relato en este sentido siempre está al filo de una pronta tragedia, lo que juega con la ansiedad del espectador.

Bullying, acoso, pobreza, esfuerzo, amor incondicional, sueños, todo se puede palpar en este primer largometraje de Jorge Donoso, quien antes había colaborado como Director de Fotografía en algunas producciones y dirigido un cortometraje. Historia bien contada, buen ritmo, nada queda al azar. Los personajes despiertan emociones y nos hacen ser empáticos ante las situaciones cotidianas, algunas extremas, que viven los protagonistas día a día. Muy buena fotografía y buenas actuaciones también.

“Parío y Criao” es una película que recomiendo ver por la mirada social que tiene. Y que a la larga se transforma en un cuento para adultos, pero ¿tendrá final feliz? Eso depende del punto de vista desde donde se le mire.

Por Daniel Bernal

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