Un hombre de color pasa un fin de semana en una cabaña en las montañas con un amigo blanco y los amigos de éste. La razón es un tanto forzada ya que por un tema logístico decide no quedarse en su hogar con su esposa debido a que venían los padres de ella y con un gran número de personas a cuestas. Lo que podría haber sido un fin de semana de distensión terminó siendo algo diametralmente opuesto.

Esta película del 2018, que puede verse en centroartealameda.tv, canaliza toda su atmósfera en la diferencia que puede llegar a existir entre negros(*) y blancos, en cuanto a sus costumbres y comportamientos cuando están en grupos, situaciones que involucran, entre otras, la manera de relacionarse y divertirse.

Como ocurre en muchos grupos de hombres que viajan lejos a pasar un fin de semana sin sus parejas, tanto la marihuana pero por sobre todo el alcohol, son las bencinas que animan y dan rienda suelta a las fiestas y los excesos. Tyrel (Jason Mitchell), nuestro protagonista, no se apega mucho a esa lógica, menos estando en un grupo que no conoce y que desde el principio no se sintió del todo cómodo, aunque esfuerzos hizo. La cabaña si bien tenía todas las comodidades, nunca fueron suficientes para alguien que se siente aún más visita que el resto. Como ejemplo de esta sensación de incomodidad e inseguridad, Tyrel decide dormir en el sofá cediendo dormitorios y camas al resto. Él decide postergarse, continúa marcando una diferencia.

Si bien no existe experiencia traumática alguna en el relato, y lamentablemente uno se queda a la expectativa de que algo va a ocurrir, vivir ese fin de semana desde el punto de vista de nuestro protagonista es pesadísimo. Nunca pudo tomar el ritmo del grupo, excepto cuando se pasa de copas. Si bien siempre hubo respeto, el grupo de amigos tiene caricaturas y estereotipos para todos los gustos, todos identificables incluso en nuestros propios grupos de amigos. Al mal estado de ánimo de estar en un lugar para nada acorde a su costumbre, se suma la angustia de que al lugar no llega señal de celular por lo que no podía comunicarse con su esposa como hubiera querido.

“Tyrel” es dirigida por el chileno Sebastián Silva (La Nana (2009), Guagua Cochina (2015)), de vasta trayectoria tanto en circuitos nacionales como internacionales.

La apuesta de Silva es elegante, bien filmada y con un ritmo constante. Quizás algunos planos pudieron ser distintos para ahondar más en alguna que otra escena solo por un tema de énfasis. No tiene sobresaltos, por lo que se extraña la utilización de música o de imágenes más elocuentes para profundizar en alguna idea o estado de ánimo. Lo demás, Silva ya lo sabe hacer, buen recurso de la cámara y de la fotografía.

¿Se sentirán así las personas de color en lugares donde predominan los caucásicos? ¿Tan distintos son las personas en comportamiento solo por su color de piel? Es curioso lo que logró Silva, sin burlas ni menos bullying, logra marcar una diferencia que el espectador carga toda la película. Distinto habría sido si la mirada fuera desde el grupo de blancos. Si así hubiese sido, el tipo de color, mirado de lejos, sería un elemento más del grupo, quien aportó muy poco.

Estrenada en Sundance, y proyectada en los festivales de Seattle, Sydney, Torino y Glasgow, “Tyrel” cuenta con un elenco estelar: junto al ya mencionado Jason Mitchell, podemos encontrar a Michael Cera, Caleb Landry Jones (“Get Out”) y Roddy Bottum, conocido por ser el tecladista de Faith No More.

Recomendable película del chileno Silva en donde muestra su madurez de dirección, y nos plantea, como si una pesada mochila estuviésemos cargando, lo que puede pasar en un fin de semana lejos de todo, de tu familia, de tus verdaderos amigos, solo contando contigo mismo, y, como si fuera poco, siendo “diferente”.

Escrito por ©Daniel Bernal

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(*) Hago la aclaración que uso la palabra no en forma discriminatoria, sino que me acerco a la jerga popular para describir personas de color.