Basada en hechos que, lamentablemente, son reales, esta miniserie de cuatro capítulos nos muestra de manera completa y profunda todos los esfuerzos realizados por capturar a uno de los asesinos en serie más infame en la historia de Estados Unidos, Richard Ramírez, en la mitad de la década de los 70.

El documental se apoya en los testimonios de los detectives Gil Carrillo y Frank Salerno, quienes en la vida real fueron los responsables de la investigación de los asesinatos y de la posterior captura del homicida. Así, los relatos son en primera persona y se van sucediendo en forma lineal durante dos décadas.

La estructura del documental utiliza una generosa cantidad de material de archivo, que incluye imágenes de televisión, fotografías, videos y audios. La investigación que existe para armar el documental es muy completa, sorprende la calidad de la documentación disponible con las imágenes reales de los hechos ocurridos, por lo que muchas veces el contenido puede llegar a ser violento para ciertas personas. Sin embargo, siendo muy cuidadoso con el material a mostrar, el espectador logra formarse una idea completa de lo que pasó en esos años, y lo que este monstruo fue capaz de hacer.

No solo somos testigos de los crímenes y de todo lo que se hizo por capturar a Ramírez, sino que también presenciamos el lado íntimo de los detectives, sobre todo el de Gil Carrillo. Sus inicios, sus anhelos, sus dificultades, sus logros, matrimonio y familia, todo muy bien narrado con el objetivo de empatizar con el detective, lo que lo sitúa en otra posición de referencia, dejando de lado esa figura de ser el mero entrevistado que solo cuenta una historia.

Así lucía Richard Ramírez previo a su captura

Por lo anterior, y por lo cuidadoso en la construcción de su estructura, la miniserie logra conectar con los sentimientos, con la fibra. En muchas otras producciones de este tipo, como en una recientemente realizada sobre Ted Bundy, la mirada es más desde afuera, más espectador y menos protagonista. Aquí es diferente, ya que al acercar los investigadores al espectador y gozar de la efectividad del núcleo historia-imagen-relato de las atrocidades cometidas por el monstruo, se logra esta inclusión más íntima en el documental, asqueándose y sintiendo compasión al mismo tiempo en varios pasajes de la miniserie.

Si debo mencionar un punto bajo es la banda sonora. Hay temas incidentales, sobre todo en los créditos, que llegan a ser irrisorios, muy mal escogidos. De hecho, el silencio en los créditos finales es el mejor.

Night Stalker: The Hunt for a Serial Killer” es una gran producción, muy bien realizada y supera con creces a la mayoría de otras obras que tratan del mismo tema pero distinto asesino en serie. Se recomienda discreción y ser estricto en la calificación por edad (16+).

Si le gustan las historias de asesinatos que tienen ese morbo de saber cómo ocurrieron y cómo quedaron los cuerpos… esta es su serie. Con una gran cuota de drama, por lo demás.

Escrito por: ©Daniel Bernal

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